jueves 19 de marzo de 2009
Garabateado por: María* 3 garabatos
domingo 2 de noviembre de 2008
II
Imprime su alma en el papel, pienso,
mientras maldigo la estupidez que atardece
en mi entorno. Escucho conversaciones superfluas.
Hubiera preferido la pena de
muerte, el suicidio, un mendigo.
Hablen de eso. Direcciones de correo
de gente insulsa. Amigos, contactos:
plástico. O callen.
Versos que saben a carne fresca y sinceridad,
discursos que descolocan. Aquí he llegado,
¿cómo ha sido?
Garabateado por: María* 16 garabatos
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ego
viernes 31 de octubre de 2008
I
Lo que había brillado hacía unos días,
desteñía mohína. Latón envejecido:
su mundo.
Sin embargo ella ardía,
era una canica en un montón de perlas.
Los colores marchitos deslizaban su vida.
Venían aires nuevos,
quién sabe si tal vez más fríos.
Garabateado por: María* 9 garabatos
Escribiendo:
ego
miércoles 29 de octubre de 2008
¿Qué queda?
Canción: Imogen Heap - Hide and Seek
Garabateado por: María* 20 garabatos
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Reflexiones
jueves 9 de octubre de 2008
Insignificante
Denle al play...
Da igual lo bueno que hayas sido en vida, las muchas abuelitas a las que hayas ayudado con la compra o los céntimos que has dado al mendigo de la esquina, no te vas a librar, chaval. Así que piénsalo: puede que haya un más allá o que tan sólo esté el más aquí, pero indudablemente vas a caer en el olvido. Dudo incluso que, en un arrebato de protagonismo, lograras atraer la atención de este mundo frenético durante mucho tiempo. Pero cualquier intento será inútil. No tienes el poder de cambiar el curso de la historia. Ya no es época de Newtons, Hitlers y Jesucristos. (¿Sabes acaso quién inventó Internet?) Así que desiste, chaval, aférrate a la vida, si te place, pero ten en cuenta que una vez ella te deje ir, serás pasto del olvido.
Ayer dije digo, hoy digo Diego: aquí tienen un nuevo post.
Garabateado por: María* 15 garabatos
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Imaginando
martes 7 de octubre de 2008
Disculpen las molestias...
Garabateado por: María* 8 garabatos
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Miscelánea
lunes 22 de septiembre de 2008
Anónimos
Garabateado por: María* 7 garabatos
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Miscelánea
jueves 4 de septiembre de 2008
Un reloj de bolsillo
Garabateado por: María* 13 garabatos
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Reflexiones
jueves 31 de julio de 2008
En lugar de mil palabras (XIV)
Intentaré actualizar cuanto antes. Mientras tanto, les dejo unos días con esta canción (cortesía de naco). No hace falta que comenten nada. Sólo escuchen.
Garabateado por: María* 10 garabatos
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En lugar de mil palabras
jueves 24 de julio de 2008
Primero primera
Pensándolo bien, vivo en un edificio bastante honesto, comparado con los que hay por ahí, en otros barrios, en la otra punta de la ciudad. Aquí no hay cortesía del tipo: "Bienvenido a la finca, te traigo estas galletas caseras". Esto no es Estados Unidos, y mucho menos Hollywood. Aquí nadie saluda a nadie, así que ya puedes contentarte con un gruñido si te cruzas con alguien en las escaleras. Y no, no hay ascensor.
Nuestro edificio un lugar done esperarías que sucediera cualquier cosa, donde se desmantelan negocios ilegales, se detienen asesinos en las novelas policíacas. Lo rutinario, lo que sale en los telediarios, pero muy lejos de tu casa. Un lugar por el que no desearías andar perdido solo una noche cualquiera. Te haces una idea, ¿no? Un edificio donde la mugre es una vecina más a la que gruñir cuando entras, donde las sombras son eternas porque sólo hay ventanucos estrechos y ennegrecidos. Ahí vivo yo.
No es que esté todo el día dándome la lata - mi vecina, digo -, ni que el volumen de su televisión o su aparato de música no me dejen dormir. No es que se queje de cualquier ruido que oiga, ni que me robe el correo. No trata de hacerme la vida imposible, ni de echarme del bloque. No, más bien al contrario.
Lo que hace esta mujer es dejarme notitas anónimas en el buzón, papel perfumado de color de rosa: Te quiero. Y cree que no sé quién es. Te deseo. Está obsesionada conmigo. Tu admiradora secreta que está locamente enamorada. Y no es un secreto. La señora del primero segunda sueña conmigo todas las noches.
Tampoco creáis que es cansina, al menos no al principio. Escribe una o dos notas al mes, y llama a casa un par de veces a casa. Llama, oye mi "¿diga?", y cuelga. A eso se resume su nivel de actuación, así que tampoco podría molestarme. Pero lo hace.
Por eso es más fácil no tener como meta la felicidad. Y yo lo he sustituido: No quiero ser feliz. Al contrario, cuánto más jodido, mejor. No quiero un trabajo, no quiero amigos, quiero estar enamorado y que no me correspondan. Quiero estar deprimido, sentirme un deshecho humano. Para poder quejarme, para odiar a todos y para irme al otro barrio.
Y han pasado las semanas tediosas. Hace ya unas tres semanas que no recibo una de las cartas perfumadas. Hace mucho tiempo que debería haber recibido una llamada, una señal de vida de mi vecina, diciéndome que todavía me quiere. Pero no. Se habrá olvidado, me digo. Sigue queriéndome, sí, seguro. Y vino a por huevos, aunque no tenía.
Garabateado por: María* 19 garabatos
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Imaginando
viernes 18 de julio de 2008
Mundo absurdo
Garabateado por: María* 9 garabatos
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Crítica
miércoles 9 de julio de 2008
El reino del Tonto del Haba
- ¿Eh?
- Que sí. ¿No lo ves? En todos sitios: la televisión, el gobierno…la gente en general.
- No sé a qué te refieres...
- A ver, hoy en día, la estupidez se ondea como estandarte. Odio esta forma de actuar de todo el mundo, su egoísmo y el eterno capitalismo. Deberíamos hacer algo, ¿no crees? Luchar contra este sistema que se está imponiendo. Sería lo mejor. Deberíamos pelear, en lugar de resignarnos. Al menos nos sentiríamos útiles.
- Yo no me siento inútil. Para nada.
- Deberías. Ves que todo se va al carajo y no haces nada.
- Hombre, tampoco se va al carajo… Simplemente cambia de forma, la moral y la ética… Los valores cambian. Es normal.
- ¿Pero es que no te importa que la dignidad, el respeto, la sabiduría estén perdiendo valor?
- Todo eso son conceptos vacíos.
- No entiendes nada.
-Sí, sí que entiendo. Eres un idealista. Entiendo tu forma de verlo pero no hay nada que hacer. ¿Qué pretendes? ¿Cómo vas a imponer eso que crees perdido? ¿Vas a volverte un anarquista y volar un edificio de alguna multinacional?
- Podría hacerlo…
- ¡No digas bobadas! Eso no serviría de nada.
- Claro, yo digo bobadas... Pero tu excusa ante esta situación es que no puedes hacer nada para solventarlo.
- Exacto. Tú lo has dicho. No puedo hacer nada. Y prefiero vivir sin atormentarme por algo que yo no puedo solucionar.
- Sabes que no es cierto.
- Mira, yo tengo mi trabajo, contribuyo a la sociedad pagando mis impuestos, ejerzo mis derechos y obligaciones. A partir de ahí, lo demás me resbala.
- Pero no puede darte todo igual… No puedes simplemente evadirte. ¿No ves que…?
- ¿Que qué?
- …¿que si esto se va a la mierda, tú también te hundirás en ella?
- Entonces nadie podrá hacer nada para evitarlo. Y tú tampoco.
Garabateado por: María* 18 garabatos
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Crítica
lunes 7 de julio de 2008
En lugar de mil palabras (XIII)
Versión original
En español
Garabateado por: María* 10 garabatos
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En lugar de mil palabras
jueves 26 de junio de 2008
Carta de un libro cualquiera
Los que escribís (no, no todos sois escritores) os limitáis a decir lo que dijeron otros antes pero cambiando las palabras de forma que parezca algo nuevo (también hay algunos que incluso lo decís de la misma forma). Pero lejos de avergonzaros, muchos sois los que queréis tener este oficio, aunque sepáis que no aportaréis nada nuevo al mundo. ¡Es esa voluntad que os nace del egoísmo! Os enorgullece ver vuestro nombre escrito en la portada de alguno de nosotros, por poco talento que hayáis derramado sobre él. Ansiáis que algún lector se tome el tiempo de sumergirse en vuestras palabras y escuche aquello que ansiáis decir.
Aunque lo que queréis en realidad es dejar rastro de vuestra existencia en algo que probablemente sea más longevo: Nosotros. Afirmáis que necesitáis escribir, pero con eso no nos lleváis al equívoco, sabemos que deseáis que se os escuche, sin importar qué o cómo lo digáis. Anheláis que el universo se centre por un mísero instante en un ser ínfimo que tan sólo es más egoísta que los demás. Que tan sólo quiere que admiren su destreza. Pero de lo que no os dais cuenta es que sin nosotros no vivís. Nosotros somos las estrellas de este pequeño cabaret y vosotros tan sólo el que abre y cierra el telón. Nosotros somos quienes os hacemos grandes, o quienes os arruinan esa fama efímera. Somos quienes manejamos los hilos de vuestra carrera y vuestro futuro. Los que atesoraremos vuestras sucias palabras cuando vosotros ya no estéis aquí para ensanchar vuestro ego al releerlas. Estamos hartos de que inundéis con vuestro discurso estúpido nuestras páginas y que creáis que, al deslumbrar al lector, nos embaucáis a nosotros. Sabemos bien que nuestra tarea es convivir con esa verborrea insulsa en nuestro interior y cargar con él sabiendo que en lugar de Virgilio o Quevedo, llevamos a un aprendiz que se creyó maestro. No, por mucho que lo creáis, a nosotros no nos engañáis.
Un libro cualquiera de un autor cualquiera
Garabateado por: María* 17 garabatos
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Imaginando
lunes 23 de junio de 2008
Esclavos
Me acerqué allí y traté de ojear qué se cocía dentro. Me asomé por una de las grandes arcadas, lejos de las puertas que custodiaban los soldados. Apenas veía la acción, pero podía oler el olor de la sangre derramada sobre la arena y oía el rugir de las fieras, cuando el clamor popular cesaba y todos contenían el aliento.
Tras el solemne saludo Ave Hadrianus, el metálico silbido de las armas al desenvainar. En las primeras filas, los senadores repartían su atención entre el espectáculo y cualquier gesto del emperador Adriano. A éste no podía verlo desde aquel hueco y tan sólo podía contemplar cómo un senador estaba siempre vuelto hacia su izquierda, dando la espalda a otro pobre que trataba también de colmar de gracia al susodicho. Más arriba, la clase alta de la ciudad se agrupaba soberbio y triunfante. Las mujeres, ataviadas con sus mejores galas, agarraban el brazo del hombre que tenían a su lado, exagerando el gesto. Éstos, a su vez, contenían la emoción del espectáculo, mostrándose impasibles y capaces.
Cogí el fardo y me dispuse a continuar mi camino cuando un anciano mendigo se interpuso en mi camino.
- No te compadezcas, esclavo. La vida es una lucha contínua para todos. - dijo mirando hacia el lugar donde se celebraban los juegos.
- No para todo el mundo igual.
- No hay camino fácil de la tierra a las estrellas. Los gladiadores son héroes para el pueblo... ¿Recién llegado a Roma, esclavo? - dijo con desdén. Como única respuesta obtuvo un parpadeo. - Aún así, esclavo, eso que ves no es lo que era. Cuando era joven, se celebraban los juegos durante decenas de días. Los de Trajano duraron cien días.
Debí abrir los ojos de tal manera que esbozó media sonrisa, sabiendo que había conseguido mi atención, y dijo:
- Yo fui gladiador. - dijo con orgullo, y mis ojos aún se abrieron más - Pero el éxito es efímero, ya me ves. A uno la vida le parece corta cuando es afortunado y larga cuando no lo es...
- ¿Era un esclavo?
- Lo fui. En Roma hay oportunidades para todos. Si eres listo, sabrás buscarte la tuya, esclavo.
Ante mi gesto incrédulo, concluyó:
Garabateado por: María* 15 garabatos
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Imaginando
martes 10 de junio de 2008
En lugar de mil palabras (XII)

Garabateado por: María* 19 garabatos
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En lugar de mil palabras
lunes 2 de junio de 2008
Nueva casa
Garabateado por: María* 14 garabatos
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Imaginando
martes 20 de mayo de 2008
Navegando
Garabateado por: María* 25 garabatos
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Reflexiones
sábado 17 de mayo de 2008
En rojo
El Azar, gran dios de los que no creen en el destino, le abordó caprichoso aquella mañana. Desafiándola la miraba. ¿Serás capaz de burlarme? Nadie lo es y lo sabes. Contuvo el aliento y él entornó a su vez los ojos. Y entonces, ella echó a correr. Iba a conseguir burlarlo, nada iba a detenerla, se dijo. Pero escabulléndose sólo encontró la senda de la que pretendía huir. Aquello no era un teatro y en su escena tragicómica no podía simplemente esconderse entre bambalinas. Sabía qué camino debía tomar pero no quería hacerlo, y tenía sus motivos, fuesen cuales fueran; a pesar de que retrasarlo no iba a cambiar su destino, o azar, llámalo como quieras que al final todo se resume en formas de verlo.Era tan sólo un cruce en el que ella se había detenido. Con el pelo agitado y el pulso acelerado, miraba fijamente el semáforo en rojo. Que estuviese en rojo no quería decir que la luz verde no fuese a aparecer. Ella lo sabía. En aquella fracción de segundo en que ambas luces estaban apagadas, lo comprendió. Comprendió cuál era su propósito y por qué debía bajar de aquella acera y simplemente avanzar. Todo cambiaba en aquel instante, no se sabía por qué ni cómo, pero ya no trataba de huir, se sabía incapaz. Ella no había tenido la misma suerte que Medea, y ningún dios iba a bajar a ayudarla. Pesarosa, sabiendo que los deus ex machina no sucedían en el teatro de la vida real, cruzó la calle y, como una heroina de las tragedias griegas, aceptó su destino.
Garabateado por: María* 10 garabatos
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Reflexiones
martes 13 de mayo de 2008
Viernes Santo
Mi padre era un asesino común, que no seguía ningún tipo de ritual, ni tenía un estilo personal. Tampoco se creía artífice de un juego que la policía debía descifrar, ni inspiraba esa admiración oculta que provocan algunos maestros del rebuscado arte de la aniquilación. Tan sólo mataba. De una forma tosca y ruda, sin la destreza de un carnicero o la minuciosidad de un ajedrecista.
Aunque jamás indeciso, era vulgar en el planteamiento y torpe en la ejecución.
No sé muy bien qué fue lo que le llevó a empuñar un cuchillo, ni quién fue su primera víctima. Fue precisamente su instinto animal lo que lo condenó, pues nunca se molestó en encubrirse. Sospecho que nunca le importó lo más mínimo. Incluso el día que lo detuvieron no se mostró contrariado ni sorprendido. Se dejó maniatar resignadamente y desfiló delante de mí por última vez, con la mirada perdida en algún mundo lejano que tan sólo él conocía.
Su vida era completamente normal, salpicada por algunas muertes, pero monótona y aburrida como todas. Era jardinero y acudía a una de las mansiones del Barrio Grande. Era aquella una casa de jardines regios, con altos cipreses y rosales, que mi padre cuidaba con la desmesurada atención de quien disfruta de su oficio.
No destacaba tampoco por su agresividad, más bien era un enclenque silencioso y sin carácter que dejaba pasar la vida sin más sobresaltos que los estrictamente necesarios. No era maniático, ni tenía ninguna extraña afición. Tampoco leía demasiado y, si lo hacía, solía recurrir a banales novelas de segunda.
Aún así, todos sospechaban de él. Había habido dos asesinatos – la quiosquera Jacinta y, poco tiempo después, Luis, hijo del cartero – y, como en todos los pueblos, se sabía de su culpabilidad, a pesar de no tener con qué justificarla. Se hablaba de ello constantemente en cada esquina y en cada rincón. Mi padre siempre fue alguien distante, por lo que siguió con su vida, podando cipreses, regando gardenias y matando a alguien de vez en cuando. Mi madre lo sobrellevaba con tanta dignidad como su vergüenza le permitía. Yo todavía no era plenamente consciente de ello, pues poco me importaban los cuchicheos y las risotadas al fresco de la noche, cuando las señoras sacaban sus sillas a la acera.
Se lo llevaron apenas unos días después del Viernes Santo de hace quince años, tras la muerte del señor Blas. Mi padre nunca nos acompañaba a la iglesia; su ateísmo era prácticamente una obligación, dadas las circunstancias. Volvíamos de misa y, tal y como mandaba la tradición, madre lucía velo negro. Mientras regresábamos, yo iba recordando el sermón del párroco. En él, el cura había descrito la agonía de Jesucristo y su crucifixión detalladamente. Me fascinaba aquel fragmento de las Escrituras y era aquel el único día que acudía a la iglesia sin el mal gesto que acostumbraba.
Vivíamos en un edificio destartalado de dos pisos que ocupaba un triste rincón de una plaza en las afueras. Se alzaba cansado de soportar los años, amenazando con no resistir los años que se reflejaban en cada grieta. Parecía haber estado allí mucho antes que la propia iglesia del pueblo.
En el piso de abajo, vivía un anciano viudo, el señor Blas, que no había salido de casa desde que murió su mujer. Los sábados, madre me obligaba a bajarle un plato de lentejas que preparaba de más para él. Me asqueaba tener que llevárselo pues entreabría la puerta, cogía el plato y dejaba escapar, con el esfuerzo de quien no suele hablar, un gracias que removía mis entrañas. El señor Blas era tan sólo una sombra que había ido disminuyendo con los años con la misma rapidez con la que crecía yo. Al abrir la puerta, el ambiente se oscurecía y el hedor me producía náuseas.
Subíamos madre y yo las escaleras en silencio, y seguía yo pensando en el sermón cuando, al llegar al rellano de su casa, tropecé con el primero de los escalones que llevaban a nuestro piso.
- Madre, ¿ha visto qué sale de la puerta del señor Blas?
Giró la cabeza y contempló, como había hecho yo, cómo la sangre iba empapando el rellano del primer piso, deslizante y viscosa. Su rostro se descompuso.
- Hijo, vamos.
- ¿Y qué hay de la sangre que…?
- Yo no he visto nada. – dijo tajante mientras subía atropellada las escaleras.
Se apresuró por meter la llave en la cerradura de casa, me hizo entrar y una vez cerró la puerta tras de sí, respiró hondo tratando de controlar la tensión.
- Vete a hacer tus tareas.
- Pero yo no…
- He dicho que vayas.
- Madre… ¿cree que al infierno van todos los que matan?
Fue aquella una de las muchas preguntas a las que mi madre nunca dio respuesta. Fue también el último día que volvimos a la iglesia.
Se rumoreaba más que nunca que había un asesino en el pueblo, y todo apuntaba a que era mi padre quien lo había matado pues, parecía obvio, que él era quien más facilidad tenía para acceder a casa del señor Blas. Mi padre hacía caso omiso del asunto y aquel tipo blandengue y callado seguía regando las plantas de casa con la misma parsimonia que de costumbre. Desde su detención, mi padre se desvaneció de mi vida.
Mi madre siempre dice con orgullo que yo soy un hombre de oficio, que soy carnicero. Pero sé, que en ese mismo instante, una punzada de temor le invade. Teme que pueda llegar a ser como era mi padre, y no la culpo. Aunque sé, que lo que verdaderamente le aterra es ser objeto de chisme. Otra vez.
Empleo todos mis esfuerzos y mi tiempo en reprimir mis impulsos. Adoro seccionar un costillar de cordero, o cercenar una pierna de cerdo, y ver la sangre resbalar lentamente por entre mis dedos hasta que forma una pequeña mancha en el puño de mi jersey. Trabajando es el único lugar donde encuentro una tranquilidad feroz y absoluta, mientras la ira cual yugo que llevo al cuello se afloja con cada golpe que da el cuchillo contra la carne inerte. Cada día trabajo más, el afán de rebanar me sosiega y salir de allí sólo me causa una cólera que puedo contener unas horas hasta que vuelvo feliz a reencontrarme con el olor a sangre y la carne animal.
La cuaresma es la época del año más tensa, especialmente al acercarse la Semana Santa. La carnicería está más vacía que nunca, y me paseo de un lado a otro, como animal enjaulado, sin trozos de carne que convertir en filetes. Hay días, como hoy, en los que creo que no seré capaz de controlarme y, cual bestia hambrienta, me lanzaré a la calle, con sed de venganza.
Y entonces, recuerdo. Recuerdo la sangre del señor Blas resbalando por el rellano del primer piso y también la estampa que había detrás de aquella puerta. El pobre anciano balbuceando estúpidas palabras sin sentido. Y aquel plato de lentejas, el último, el que no probó, esperando a su lado. Aquel día no hubo el aterrador gracias de rigor. Serás como tu padre. Y la cólera me obcecó.
Mato el tiempo como puedo. Mañana es Viernes Santo y la carne está prohibida. No sé si podré resistir la tentación.
Garabateado por: María* 12 garabatos
Escribiendo:
Imaginando
domingo 4 de mayo de 2008
Azul, verde y gris
Garabateado por: María* 12 garabatos
Escribiendo:
Imaginando
domingo 20 de abril de 2008
¡Hasta luego!
Garabateado por: María* 5 garabatos
Escribiendo:
Miscelánea
miércoles 26 de marzo de 2008
Marrakech
Cascadas de Ouzud
Garabateado por: María* 8 garabatos
Escribiendo:
En lugar de mil palabras
martes 26 de febrero de 2008
De poesía y latín
su cabellera; cambia
de modos la tierra y los ríos decrecen corriendo de nuevo
por los cauces de siempre;
la Gracia y las Ninfas, hermanas gemelas, desnudas se atreven
a dirigir sus coros.
'No esperes nada inmortal' aconsejan el año y las horas
que al nuevo día raptan.
Expulsan el frío los Zéfiros*; la primavera al verano
cede, que, por su parte,
morirá al traer su fruto el pomífero otoño; y al punto la inerte
bruma vendrá. Pero ágil
repara la luna en el cielo sus menguas; nosotros, en cambio
allí una vez caídos
donde Eneas** el padre se encuentra con Tulo el dichoso y con Anco,
polvo y sombra ya somos.
¿Quién sabe si van a agregar un mañana a la edad transcurrida
los dioses de allá arriba? "
Garabateado por: María* 6 garabatos
Escribiendo:
Literatura
sábado 16 de febrero de 2008
"Mientras hablamos, el tiempo celoso huyó. Ves la vida escondido tras el reflejo de cristal del enésimo trago, manchado del poso de ayer. Hueles a humo y a fracaso; y crees enterrar tus penas tras la desgana de la indiferencia. Arrastras tus pies por la vida, cabeza gacha y rostro marchito, dejando escapar de entre tus dedos las sonrisas y el gesto amigo.
Captura el día, que dicen, atrapa las riendas del desbocado caballo que robó tu vida. Porque, tal vez mañana, se apague el sol.
______________________
Versión del tópico Carpe diem de Horacio
Garabateado por: María* 6 garabatos
Escribiendo:
Imaginando
jueves 7 de febrero de 2008
Sola conmigo misma
Garabateado por: María* 10 garabatos
Escribiendo:
En lugar de mil palabras
martes 22 de enero de 2008
Soga
Quizás, la diferencia con cualquier otro niño empezó más tarde. Hasta hace poco no me di cuenta de lo que realmente me afectaba esa faceta un tanto extraña de mi padre. Cuando lo encerraron, mi padre se desvaneció de mi vida y nunca eché de menos a aquel tipo blandengue que regaba las plantas de casa con tanta parsimonia. De hecho, creía que lo de asesino lo decía mi madre para redecorar su aburrida vida.
Empecé a hablar más de mi padre al ver el efecto que hacía en mis amigos. Vi que les infundía respeto, incluso miedo, y aquello me gustó. Hasta que se enteraron sus madres y el profesor me impidió volver a aquel colegio porque, según él, yo era un niño problemático.
Ahora me he dado cuenta cuán jodido es que todo el mundo sepa de tu padre. Sé que mi futuro estará estrechamente ligado a aquel hecho. No porque lo esté para mí, sino porque la gente no olvida algo así. Pongamos que logro ser un escritorzucho de medio pelo de novelitas de terror. ¿Qué diría la gente? Que me vi influenciado por la doble vida de mi padre. Si fuese de novelas de amor, que vivir en un entorno tan hostil desarrolló mi lado más sensible. Imagínense qué deben decir de mi verdadero oficio.
En realidad, aquel hecho no condicionó mi vida porque yo no fui consciente. Pero ahora sí, ahora me ahoga como si fuese una soga que va, poco a poco, amoratando mi cuello y restringiéndome las bocanadas de aire. Sé que creerán que me siento culpable, o que fui víctima de aquello. Me compadecerán o me culparán, y será el fin. Mis manos tratarán de cortar la soga, manchando de sangre todo lo que me rodea.
Garabateado por: María* 9 garabatos
Escribiendo:
Imaginando
domingo 13 de enero de 2008
¡Viva México!
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Garabateado por: María* 7 garabatos
Escribiendo:
En lugar de mil palabras
jueves 20 de diciembre de 2007
7 deseos
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Mi regalo de Navidad: Maestro de Hans Zimmer
Garabateado por: María* 15 garabatos
Escribiendo:
Miscelánea
miércoles 12 de diciembre de 2007
En lugar de mil palabras (VII)
Garabateado por: María* 15 garabatos
Escribiendo:
En lugar de mil palabras
lunes 10 de diciembre de 2007
Clase de lengua
Garabateado por: María* 4 garabatos
Escribiendo:
Saco de retales
martes 4 de diciembre de 2007
La leyenda de Carlota
Carlota era la única que danzaba por aquellos parajes a sus anchas. Fuese cual fuese la época del año, vagaba entre los árboles. Hacía muñecos de nieve alrededor de su casa y se tiraba en trineo ladera abajo; llenaba de flores silvestres todos los jarrones de su casa; saltaba charcos con sus botas de agua o acudía alborozada a mojarse los pies en alguno de los arroyos que ella conocía tan bien.
Un día de finales de verano, se estiró en una roca lisa que se encontraba bajo un claro. Carlota, con los ojos cerrados, oía el ruido del agua del riachuelo deslizarse montaña abajo mientras sentía los rayos de sol en su piel. No se sabe muy bien cuánto tiempo debió pasar en aquella posición pero, cuando abrió los ojos, ya había bajado el sol y pudo ver, descendiendo lentamente hacia ella leves motas doradas. Se frotó los ojos y parpadeó, luego volvió a mirar. Aquellas motas, ahora más cerca, eran pequeñas mariposas. Cuando las tuvo prácticamente ante ella, pudo comprobar que tenían silueta humana, además de alas. La boca de Carlota fue entreabriéndose mientras revoloteaban a su alrededor, dejando un rastro brillante tras de sí. Aquel día, todo Urús supo de la historia de Carlota y el Monte de las Hadas.
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Garabateado por: María* 11 garabatos
Escribiendo:
Imaginando
jueves 29 de noviembre de 2007
Negro con pintas rojas
Garabateado por: María* 8 garabatos
Escribiendo:
Imaginando
domingo 18 de noviembre de 2007
Nunca jamás

- ¿Y qué hay allí?
- De todo, Naeem.
- ¿Hay jirafas?
- Sí. Todos los animales que puedas imaginar.
- ¿Y camellos como aquí?
- Supongo...
- ¿Y niños?
- Pues claro.
- ¿Como yo?
- Bueno... Serán casi igual que tú pero hablarán sólo en francés.
- Bah, yo hablo francés... ¿Y qué haremos allí?
- Pues viviremos en una casa grande y bonita. Y papá tendrá un buen trabajo.
- ¿Y yo qué haré?
- Tú irás a una escuela preciosa, donde te enseñarán a leer y a escribir, y también matemáticas.
- ¿Tú sabes leer y escribir?
- No, hijo no.
- Pues cuando aprenda yo, te enseñaré. Te enseñaré a leer y a escribir, ¿vale?
- Sí, todo será distinto en Europa.
- ¿Y cómo iremos?
- Pues en barco. Es muy caro viajar a Europa, seguro que son unos barcos grandes y lujosos.
- ¿Y está muy lejos?
- No, ¡qué va! Papá ha hablado con unos señores y dicen que tardaremos sólo un día. Hemos estado ahorrando mucho tiempo, ya lo sabes Naeem.
- ¿Está más lejos que Kife?
- Sí, claro, pero Kife está muy cerca. Si es donde vive la abuela.
- ¿Y ella vendrá?
- ¿La abuela? No... Ella es mayor para viajar y... Y no teníamos dinero para que viniese. Cuando yo tenga un taller, nos traeremos a la abuela, ¿te parece bien?
- Sí, pero... Mamá, el tío de Keon fue a Eur...Euro...
- Europa.
- Sí, el tío de Keon fue también y Keon dice que no saben nada de él. Y se fue hace muchos, muchos días.
- Naeem, tú sabes que aquí en Kaédi también hay ricos. Muchos ricos que antes eran pobres se olvidan de los demás como él. Seguro que al tío de Keon le pasó lo mismo.
- A nosotros no nos pasará, ¿verdad mamá? Nosotros no podríamos olvidarnos de la abuela. ¿A que no?
- ¡Claro que no!
- ¿Tienes miedo, mamá?
- No, Naeem, no. Europa es un lugar donde seremos felices. No hay injusticias, ni pobres. Es un pueblo donde todo el mundo puede trabajar y ganar dinero sin importar su tribu. Tendremos una casa y todo lo que puedas imaginar.
- Vale, mamá, ahora ya sí que quiero ir. Lo pasaremos muy bien en Europa, ¿verdad, mamá?
Garabateado por: María* 8 garabatos
Escribiendo:
Imaginando
viernes 9 de noviembre de 2007
Verde desesperanza
Hacía años que esperaba que llegara su oportunidad, esa que dicen que viene en un tren, a toda velocidad, para llevarte a través de la niebla, más allá de las nubes. Ya te tocará algún día; le decían la mayoría como por inercia, suponiendo que era aquello lo que debían decir. Entre humo, alcohol y la medianoche en algún tugurio, era donde conseguía algunos resquicios de sinceridad. Era la sinceridad de los perdedores, de los que sabían qué era esa mentira de ganarte la suerte, a los que estaban abonados los de siempre. Garabateado por: María* 9 garabatos
Escribiendo:
Reflexiones
domingo 4 de noviembre de 2007
Pide un deseo
Cierra los ojos. Ciérralos, venga, venga. No los abras, que te veo, mamá. Así... ¡Te he dicho que no los abras! Si no te los cierro yo, ¿eh, mamá? Ahora desea algo con todas tus fuerzas. Pide un deseo. Y no me digas qué has deseado, ¡no se puede decir! ¡que sino no se cumple! Sopla, sopla, ahora. Yo te ayudo a soplarlas, mamá. Yo te ayudo. Puedo, ¿verdad? ¿Puedo? ¿Puedo? El deseo se cumplirá igual, ¿no? Es que yo quiero soplarlas... Por favor....Garabateado por: María* 9 garabatos
Escribiendo:
Imaginando
lunes 29 de octubre de 2007
En lugar de mil palabras (VI)
Garabateado por: María* 8 garabatos
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En lugar de mil palabras
viernes 26 de octubre de 2007
Cual montaña rusa
Se está desconchando. Poco a poco va oxidándose todo que, por otra parte, nunca llegó a funcionar. Porque cada vez hay más socavones. Como ya ha pasado otras veces, se está desplomando. Y quizás sólo nos demos cuenta cuando miramos el telediario. Y puede que esto sea el principio del fin, como una montaña rusa que se detiene segundos antes de caer en picado. Y para colmo, no queremos votar. Porque es obvio, unos son malos y los otros, peores. Y para eso se nos pone Ciudadanía. Y, ¿qué hacemos? Porque quedarnos sentados y abstenernos de votar no creo que sea la solución. Dicen que somos una juventud que no tiene nada por lo que luchar. Eso dicen; pero yo discrepo.
Garabateado por: María* 0 garabatos
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Crítica
jueves 18 de octubre de 2007
Angola
Puse el pie en el peldaño de la escalera, contuve el aire y salí. Ya estaba allí y no había vuelta atrás. Todo lo que me rodeaba era de un verde que jamás había contemplado, el de los bosques frondosos del África subsahariana. La hélice de la avioneta cesó y mi pulso se aceleró. Al caminar, la cámara golpeaba contra mi barriga. Tal como me dijeron, no me sentía capaz. Yo no había tenido la muerte frente a frente, nunca había visto morir a nadie y si se cruzaba en mi camino, ahora debería fotografiarla.
A las afueras de un poblado, sentado en el suelo árido jugaba un niño con dos piedras, babeando y metiéndoselas en la boca. Su piel oscura brillaba con el sol. Hice una fotografía a aquel niño que jugaba, ajeno a todo lo que pasaba su familia, su país. Nunca había visto aquello de una forma tan cercana y ahora me parecía irreal. Por fin había conseguido mi sueño: que me destinaran para cubrir las noticias de un lugar como aquel para denunciar todo lo que hacía a mi país desarrollado y a África miserable.
Mientras tanto, la madre del niño pedía algo de comer a unos periodistas que iban conmigo y que, a diferencia de mí, ya habían manchado de sangre y polvo el objetivo de su cámara. Le dieron algo de lo que llevaban encima para evitar que siguiese contándoles su historia. Huía de su marido para que su hijo no tuviese tan mala vida como la que le había tocado vivir a ella.
Pensándolo bien, aquel niño tenía suerte, estaba vivo y tenía familia, una madre que lo dejaba todo por su hijo. Con suerte aprendería a leer y tendría, en el futuro, algún oficio. Se casaría joven y tendría hijos que se parecerían a él. Ya no viviría tanto sufrimiento porque la guerra había terminado. Aquello me hizo sonreír. Al menos aquel niño podría tener momentos felices. Hice otra fotografía de la madre cogiendo en brazos al niño y mirándome. Lo enrolló contra sí con una tela y se marchó caminando. Los vi alejarse, recortándose su pequeña silueta en la lejanía. Sonreí y cerré los ojos para sentir el aire caliente en su piel, el olor áspero de Angola.
Al abrir los ojos, el humo cubría el lugar que segundos antes ocupaban aquellas dos personas. La explosión me había cogido desprevenida y tardé unos segundos en reaccionar. Cuando me di cuenta, los periodistas que habían dado de comer a la madre, con sus cámaras, la fotografiaban llorando mientras sangraba, sin soltar a su niño inmóvil.
Garabateado por: María* 12 garabatos
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Imaginando
viernes 5 de octubre de 2007
Sueña
Garabateado por: María* 5 garabatos
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Saco de retales
martes 2 de octubre de 2007
Mejor gris que negro
¡Pip! ¡Pip! Alargas la mano para apagar el despertador, aún con los ojos cerrados. La persiana está bajada concienzudamente para que ningún rayo de luz atraviesen los muros de tu sueño. Como si eso pudiese lograr que volvieras a concebir el sueño, a dormir profundamente. Como si consiguieses despertar sin un ápice de remordimiento, salir a la calle, sin pensar en ello. Porque en ocasiones soñabas con despertar de la pesadilla a la que llaman rutina. Deseabas que tu vida diese un vuelco, fuese cual fuese. Te imaginabas ganando la lotería, trabajando de directora, pero no. Cuando despiertas te das cuenta de que aquello era el sueño. Preferirías seguir como antes, cuando todo era monótono y gris.
Aquel día no hubieses querido aparcar en doble fila pero ¿acaso tenías otra opción? Esperabas alguna plaza para poder aparcar tu Mini azul. Cuando la espera se hacía ya eterna, saliste a comprar el periódico. Pero tu coche no debería haber estado en aquel lugar cuando entraste en el quiosco porque así aquel camión no hubiese cerrado por completo la calle, al intentar cruzar esa callecita, ocupando la otra mitad de la calzada. Fue cuestión de casualidad que justo la ambulancia que llevaba a un niño que se había caído quisiera cruzar también esa calle. Justo en esta fracción de segundo. Y no, no podría ser otra calle, otra hora, otro día...
Con el camión y tu coche obstruyendo la calle, el conductor de la ambulancia decide que debe tirar marcha atrás pues nadie oye su bocina. Néstor conduce nervioso marcha atrás toda la calle, con la profesora del niño gritándole que se apresure. El enfermero copiloto intenta calmar a la mujer pero no surte efecto. Mientras el vehículo blanco retrocede, todos los coches de la calle se apartan como pueden al oír la sirena de la ambulancia. De repente, se oye un golpe seco contra los cristales pintados de la ambulancia. Y Néstor supo qué había sido.
Garabateado por: María* 8 garabatos
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jueves 20 de septiembre de 2007
Juguemos

Cuando se adentra en el bosque, aminora el paso, jadeando. Mira a ambos lados, reconociendo cada árbol, cada milímetro de la tierra. Los abetos cada vez están más juntos y las hojas espinadas le arañan las manos blancas pero no deja de andar hasta llegar a un claro. Ya no nieva y el suelo no tiene escarcha sino una alfombra de hojas rojizas. Se quita el abrigo y se estira sobre ellas, mirando el sol. En aquel lugar, la palabra tiempo perdía su significado.
- Señora Aurora, no puede usted salir a la calle.
- Puedo hacer lo que yo quiera - responde ausente la anciana.
Y Aurora cierra los ojos y sonríe.
Garabateado por: María* 8 garabatos
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martes 11 de septiembre de 2007
martes 4 de septiembre de 2007
¡Vencedores!
La mayoría volvían exultantes, radiantes de felicidad. Se creían vencedores, sí, aquella primavera del año mil ochocientos nueve. Franz exhibía una de sus mejores sonrisas ondeando la gloriosa bandera del Tirol, mientras desfilaba cantando por las calles. Su primera batalla y su primera victoria. Le enorgullecía haber servido a su patria y se sabía un héroe para los ancianos, las mujeres y los niños que les contemplaban desde los portales de sus casas. Volvía más rudo, más valiente y más admirable para las muchachas. Qué éxito tendría ahora, les contaría sus hazañas, las adornaría o haría suyas las de otros mientras sus amantes suspirarían entre sus brazos ante tanto coraje y valor. Sería conocido en todo el Tirol como uno de los que lucharon contra Napoleón. Garabateado por: María* 3 garabatos
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domingo 26 de agosto de 2007
Otra tarde de domingo

Decía que el bar tenía una luz naranja. Era como cualquier otro bar: con una barra, taburetes altos y redondos, de los de madera que giran. Ese bar de tapas estaba en la calle Balmes, tocando a la plaza Kennedy. Era un sitio pequeño y rectangular, como un pasillo. Aparentemente, las personas que había allí eran normales y corrientes, de la que ves por la calle y no te fijas. Pero aquellas personas, un domingo por la tarde, en aquel bar, las hacía diferentes.
Y yo me aburría. Sentía en mi estómago la misma sensación que en casa de mi abuela. Sentada en aquel bar, empecé a divagar muy lejos de allí, como cuando era pequeña. La realidad que veía era demasiado común. ¿Cómo debía de ser las vidas de aquellas personas? En el aeropuerto solía - o suelo, realmente sigo haciéndolo - inventarme la razón por la cual la gente se encuentra allí: ir a recoger a su mujer, viaje de trabajo, etc. Así que, recordando aquello, sáqué de mi bolso un bolígrafo y empecé a escribir en el mantel blanco de papel del bar, a dibujar sus vidas, darles color y quitarles la aburrida y normal imagen que daban:
"La lenta mirada del ejecutivo de cabello ralo observaba al otro incomodándolo." Fueron las últimas frases que escribí antes de darme cuenta que había usado casi todo el mantel dibujando y escribiendo y la camarera me miraba desde lejos con cara de circunstancias. Al mirar alrededor, la gente se había marchado y sólo quedaba yo, "garabateando" aquel mantel observada por la dura mirada de la - para mí - monja-camarera. Sonrojada, me levanté y fui al baño. Allí me di cuenta que había dejado todas aquellas historias escritas en el mantel que recogería la camarera. Salí del baño escopeteada. La camarera se había marchado y sólo se oían ruidos de platos en la cocina. Cuando fui a recortar el pedazo de mantel que contenía las historias, descubrí que no estaba. En su lugar, otro mantel blanco y limpio descansaba para el día siguiente. Desilusionada, me quedé contemplando el trozo donde debía estar mi letra. Cuando salí de mi ensimismamiento, me di cuenta de que sí había unas letras sobre el nuevo mantel que rezaban: "¿Y cuál es tu historia?"
Garabateado por: María* 7 garabatos
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Medias verdades
Quince minutos
Siempre le hacías esperar unos minutos, quince o tal vez más. Aquellos minutos se le hacían eternos. Te gustaba verle desde lejos mientras ibas avanzando firmemente hacia donde estaba, hasta que levantaba la mirada para verte llegar tan elegante como siempre, con la sonrisa puesta. Tus ojos clavados fijamente en los suyos, sin un ápice de vergüenza, obligándole a bajar la vista.Te gustaba hacerle esperar. Quince minutos, o más. ¿Y si no vienes? ¿Y si estoy aquí esperando y no vienes? Vendrás, seguro, tienes que venir. Y acababas llegando, cuando ya empezaba a mirar su reloj como si fuese a decirle cuánto más ibas a tardar. Siempre llegabas en aquel momento, haciendo olvidar su enfado con aquella mirada fija.
Por eso aquel día no se sorprendío, tan sólo eran unos minutos más. Vendrías, con tu andar elegante, clavarías tus ojos en los suyos y le sonreirías haciéndole apartar la vista. Vendrías. Unos minutos más y tendría allí tu sonrisa y la brisa que le haría olvidar su espera. Allí estarías. Tan sólo un minuto más. Uno sólo.
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Imaginando
martes 21 de agosto de 2007
Seis cuerdas
Sé que en el fondo lo sabes. Estás cansada de esperar a que me digne a mirarte. Sacar lo mejor de ti también depende de mi habilidad, y es justo reconocer que no la tengo. En otras manos serías maravillosa y con tus dotes deleitarías a pobres y a ricos. Pero el nefasto azar te puso bajo las órdenes de un burdo aprendiz rudo y tosco, más acostumbrado al arado que al arte. Yo no ensayaré largas horas hasta que una dulce melodía nazca de tus cuerdas, ni te tendré entre mis manos como mi más preciada posesión. Mi pasión está en el buen comer, en la taberna y el juego y tú sólo eres mi capricho, mi signo de distinción. Garabateado por: María* 6 garabatos
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Medias verdades
sábado 18 de agosto de 2007
Ciudad de huellas
Garabateado por: María* 6 garabatos
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En lugar de mil palabras
martes 31 de julio de 2007
Una última página
Garabateado por: María* 7 garabatos
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Reflexiones
sábado 21 de julio de 2007
Veranos en el pueblo

Garabateado por: María* 6 garabatos
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Saco de retales
miércoles 18 de julio de 2007
Città eterna
Garabateado por: María* 9 garabatos
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En lugar de mil palabras
viernes 29 de junio de 2007
Atardecer en el mar
Garabateado por: María* 4 garabatos
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Medias verdades
Quisiera poder

Vivir miles de años sin haber perdido la inocencia.
Abarcar el mar con las manos, sin llenarlas de sal.
Comprobar que Dios existe, sin tener que sacrificar mi fe.
Conocer cada rincón del universo, sabiendo que aún me quedan mil lugares por descubrir.
Decidir, sin cargar con las consecuencias.
Saber todo lo que han sabido nunca los hombres, sin sentir el grueso peso del conocimiento.
Saber el porqué de todos los misterios, teniendo la ilusión de no saberlo todo.
Poder ver el otro lado de la luna y tocar el sol sin quemarme.
Quisiera tener poder, pero me conformaré jugando a que lo tengo.
Garabateado por: María* 3 garabatos
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Reflexiones
miércoles 20 de junio de 2007
Noche de verano
"Es una hermosa noche de verano.[...]
Garabateado por: María* 3 garabatos
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Imaginando
miércoles 13 de junio de 2007
Escalofrío
Garabateado por: María* 7 garabatos
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Imaginando
lunes 4 de junio de 2007
Bop
_________________________________________ Garabateado por: María* 14 garabatos
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Imaginando
domingo 3 de junio de 2007
Por mirar hacia otro lado...
Garabateado por: María* 1 garabatos
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Crítica,
En lugar de mil palabras
sábado 26 de mayo de 2007
Un lugar donde perderse...
Garabateado por: María* 10 garabatos
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En lugar de mil palabras
sábado 19 de mayo de 2007
Retales de la viuda del Conde de Trillo (Parte II)
Ahora desvaría en el hospital. Yo sé que está cuerda, aunque no quiera decirlo. Me llama Teresa. Yo me llamo Ángela. Pero ella me llama Teresa. Porque es así. De hecho, nos llama a todas Teresa, da igual a qué enfermera le toque el turno, ella pronunciará su propio nombre para llamarnos.
Para la condesa Teresa, aunque nunca vayas a leerlo.
Echaré de menos tus historias.
Garabateado por: María*
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Saco de retales
miércoles 16 de mayo de 2007
La viuda del Conde de Trillo
Garabateado por: María* 11 garabatos
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Saco de retales
domingo 13 de mayo de 2007
Consejo de guerra
Mientras el vaho empañaba las huecas palabras
Rompiéndolas, sin dar pie a rasgar el silencio.
Los cuerpos a un centímetro en el espacio.
A mil años en el tiempo.
El vacío desterraba las emociones.
El sofá quería el armisticio
Pero ni tú ni yo estábamos ya en aquella guerra.
El frente había desertado,
y causa no había por la que luchar.
Es cierto, mea culpa. Acúsame.
Entiérrame años luz de tus recuerdos.
Piensa, si te place, que yo fui el detonante,
que antes del delito, no hubo bombardeos.
Garabateado por: María* 8 garabatos
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jueves 10 de mayo de 2007
Se vende
Un joven marca el número en su móvil. Un pitido, dos, tres, cuatro. Va a colgar cuando:
- ¿Quién es? – escupe una voz anciana con malas pulgas.
- Mmm – dice el joven, amedrentado y con la voz titubeante – Sí, hola. Llamo por el anuncio del periódico.
- ¿A qué número llama, hijo?
- Al novecientos treinta y dos, ciento veinticua…
- Atienda, dígamelo uno por uno, más alto y más lento, que el sonotone funciona pero no hace milagros.
- Veamos, nueve…
- Sí…
- Tres…
- ¿Tres? ¿Está seguro?
- ¡Pero si eso es el prefijo, señor!
- ¿Qué prefijo?
- El de Barcelona.
- ¿Así que usted es de Barcelona?
- ¡No, yo no, usted! Y yo quiero comprar su piso.
- ¿Y cómo dice que sabe que yo soy de Barcelona?
“¡Menudo idiota! Los viejos no se enteran de nada. Y encima me toca un sordo.” piensa el joven. Suspira.
- Sí, a ver, le llamo por el anuncio del periódico.
- ¿Periódico? Mire, hijo. No me interesa. ¡No quiero publicidad! Con la pensión que cobro, no me llega apenas para unos cigarritos. ¡Y de vez en cuando! Porque mira, me compré un paquete en enero y me dura hasta ahora… Ya ve.
- ¿Qué me está usted contando? ¡Le digo que le llamo por el anuncio! ¿Vende un piso?
- ¿Yo?
- Sí, usted. ¿Cree que estoy para jueguecitos? Estoy interesado en su piso.
- En efecto…
- ¡Eh! ¿Lo puedo ir a ver o no?
- No se lo recomiendo. Usted sabe, está lleno de cuervos. Son una plaga…
- Mire, que le cunda. Muy buenas.
El joven cuelga enfurecido.
- Papá, ¿querían comprar el piso? – le pregunta su hija al anciano nada más colgar.
- No, hija, no. Se habían equivocado.
- ¡Parece mentira! Y luego dicen que suben los precios de los pisos como la espuma porque hay mucha demanda… Es una pena que no podamos pagar ya la residencia y tengas que esperar a que se venda el piso.
El anciano se va hacia el baño cojeando y murmura:
- Malnacida… A una residencia yo… Cría cuervos…
Garabateado por: María* 10 garabatos
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domingo 6 de mayo de 2007
Una estrella para ti
La verdad es que a menudo me pregunto cómo pudimos acabar juntos. Aquel día, un trece de abril, si no me equivoco, me lancé. No estaba previsto, ni siquiera fui dueño de mis actos y, si hubiese sido consciente de lo que hacía, jamás lo hubiese hecho. Estábamos sentados en el portal de su casa, que la había acompañado porque me iba – prácticamente – de camino. Estaba embriagado de ella y, en cuanto me di cuenta de lo que hacía, pensé que se echaría hacia atrás, pero no lo hizo. Después, sonrió y, sin mediar palabra, desapareció tras el cristal. Y así pasaron los meses. Unos meses inolvidables, de los que apenas recuerdo su risa y sus canciones. Unos meses con estrella. Yo nunca había sido un tipo con suerte y ella lo cambió todo. Empecé a contagiarme de sus sueños y de su alegría. Es todo cuanto queda ahora: sueños por cumplir y recuerdos a los que me aferro para no naufragar.
En realidad, no sé porque te cuento todo esto si eres un cotilla y lo sabes todo. Aunque, de todas formas, tal y como es Marisa, seguro que te lo contó. No me resulta tan raro hablar contigo, aunque este compadreo no sea digno ni propio. Pero no me sale tratarte con más respeto. Te guardo algo de rencor. Por todo lo que has hecho y lo que no has hecho. Al fin y al cabo, en parte, tienes algo de culpa. Era demasiado angelical para envejecer y te la llevaste. A mi estrella, sr. Dios.
Garabateado por: María* 12 garabatos
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Saco de retales
lunes 23 de abril de 2007
La niña caprichosa
LUISA Hija
ANGUSTIAS Madre
MARTÍN Hijo
PACO Padre
TOMASA Mujer de Martín
(Se abre el telón. Se ve el interior de una casa rural. A la derecha, ANGUSTIAS está sentada en una mesa de madera pelando patatas. En la otra, LUISA, pincel en mano, estirada sobre una cama. Todo el escenario en penumbra excepto un foco que ilumina a ANGUSTIAS o a LUISA dependiendo quien hable.)
ANGUSTIAS Yo soy una buena mujer y sólo deseo que mi hija sea una más, que se preocupe de buscar marido, el que sea, que la mantenga y que ella se dedique a tener hijos. Como la esposa de su hermano mayor. Mi Martín es un chico que sí tiene las ideas claras. Ya se ha casado y su mujer está embarazada. Ella no es suficiente para mi hijo, no creáis, pero al menos se casaron. Eso es lo que yo quiero para Luisa. No hace falta que el chico sea un portento, sólo que la aguante y que tenga algunas tierras que heredar cuando su padre muera. Que la enderece y la tenga ocupada criando hijos. ¡Eso necesita!
Porque yo quiero ser abuela y tener nietos regordetes y de mofletes rosas a los que malcriar y tener, pero sólo cuando yo quiera, un ratito nada más. Mucho rato, los niños son un incordio. (Suspira) Quiero llevarlos a misa, para que las demás del pueblo vean que lo guapos que son y hacerles pasteles. Muchos pasteles, para que estén bien gordos. Porque mis pasteles son buenísimos. ¡Los mejores del pueblo! Mis nietos estarán ¡gorditos, gorditos! Y no como mi hija que tiene cara de enferma, toda pálida y delgaducha. ¡Es mi angustia esta chiquilla! Lo último es - porque la jodida parece querer matarme de un jamacuco - que ahora, ¡quiere ser artista! Pintora nada menos. ¡Y "astracta" de esas! Que pintan cuatro rayas negras y se quedan tan anchos. No hay peor profesión. ¡Vivir del cuento! ¡Ya podría ser pescadera! Al menos, cobraría por hacer algo de provecho. Esa niña quiere mi desgracia. (Mirando al cielo) ¿Por qué Dios me haces pasar este calvario?
Y el otro día, Josefa, la mujer de Pepe el carnicero, me preguntó con retintín que cómo era que la chica me había salido artista. Ya está en boca de todos. ¡Lo sabía! ¡Si hiciese lo que debe!
LUISA Yo no soy como las otras chicas del pueblo. Casarse y tener hijos ¡qué aburrido! Yo quiero hacer lo que nadie del pueblo ha hecho. Quiero dedicarme a algo que no tenga nada que ver con lo que mi familia ha hecho desde siempre. La vida va como va y la tradición no tiene más valor que el que le dé la gente. Y yo no le doy ningún valor. ¿Para qué? ¿De qué nos sirve? En el pueblo, nacemos todos con la vida planeada. Todo tiene que seguir como ha sido hace años. Pues no, yo quiero ser artista. En el pueblo, la gente es roca, ladrillo y azada, pero yo no, yo soy lluvia y viento. Si no me he ido ya de aquí es porque sé que ellos me necesitan y no podrían soportar que yo me fuese. Sería demasiado para ellos porque soy la Niña. Papá lo comprendería, sabe el talento que tengo, pero mamá y Martín no, estoy segura, demasiado me quieren. No me lo dicen nunca, siempre dicen que debería casarme y todo eso que están repitiéndome todo el día pero yo lo sé. Soy la niña de sus ojos.
ANGUSTIAS Ojalá la chica se marchara y nos dejara en paz. Siempre está pensando en ella misma y no en el bien de la familia. Y para nosotros es sólo un lastre. Su padre la malcría demasiado. Siempre cediendo a sus caprichos, el muy zopenco. ¡Tiene que saber que la vida es dura! A mí sí me hizo ayudarle en el campo cuando éramos jóvenes. Ya chochea y por eso ya no tiene mano dura.
¡Si al menos alguien quisiera casarse con ella! Esta vez, yo no sería tan tonta como la última vez. Ya no volvería a engañarme. Tito estaba enamorado de Luisa. Porque Luisa, antes de quedarse en ná como está ahora, se parecía mucho a mí de joven; era muy guapa.
Y Tito Aguilar quería casarse con ella. Fue el único día que la chica me hizo feliz. ¡El hijo del alcalde quería casarse con mi niña! Al final, la niña caprichosa, no quiso y le dijo al muchacho que ella era demasiado para él y que se buscara otra que ella iba a irse a París para ser pintora. Le crucé la cara y le dije que había arruinado su vida y que no volvería a tener ningún pretendiente. Yo tenía toda la razón pero entonces me acordé. La noche antes de mi boda la pasé llorando sin parar porque estaba enamorada de otro que me quería más pero tenía menos tierras… Además, padre y el señor Díaz ya lo habían hablado y yo no tenía nada que decir. Fue entonces cuando me ablandé. La comprendí y pensé que quizás el próximo no le desagradaría tanto. Y lo que más me sorprende es que la niña ni cuenta se da. Vive en su mundo de pinturas astractas y cree que todos los que estamos a su alrededor la adoramos pero, en realidad, no podemos más. ¡Si al menos hiciese algo! Porque ni aún así. No quiere ayudarnos nunca en la parada de la plaza y muchos días necesitaríamos dos personas más. Cuando viene, encima, empieza a tirarlo todo, a confundir encargos, cobrando mal. Es una inútil.
LUISA Mamá siempre me dice que como me quede soltera, tendré que meterme a monja. ¡Soltera! Siempre me hace reír con sus tonterías. La pobre no me dice nunca lo que valgo pero no la culpo. ¡Pobre Martín! Se sentiría mal si viera todo lo que me quiere y me aprecia mamá. Hace un tiempo, Tito, el hijo mayor de Roberto Aguilar el Alcalde, vino a hablar con papá para pedir mi mano. ¡Aquel idiota pretencioso no iba a ser mi marido! Se creía que podía tener cuanto quisiera y yo no puedo conformarme con eso. Mamá me dio una bofetada injusta, porque la pobrecita no es muy lista y siempre actúa sin pensar, se arrepintió y me dio un abrazo y me besó. Sabía que yo podía tener más. Papá, como siempre, no dijo nada. Dejó que mamá viera por ella misma que se había equivocado. Cuando Martín la vio dándome un beso, dio un portazo y se fue. Desde entonces, ya no me da más besos cuando está Martín. Porque es muy celoso.
Escena II
ANGUSTIAS (Muy enfadada) ¡Luisa! ¡Luisa! ¡Haz el favor de venir!
LUISA (Fuera de escena se oye su voz) ¿Qué quieres, mamá? ¡Estoy ocupada!
ANGUSTIAS (Cada vez más irritada) ¡La mato, te juro que la mato!
PACO (Sin alterarse un ápice) Haz el favor, Angustias, haz el favor.
ANGUSTIAS ¡Calla! ¡Calla! No puedo más con esta niña. ¡Luisa!
LUISA (Desde fuera) ¿Pero qué quieres? ¡No ves que estoy pintando!
ANGUSTIAS ¡Pintando! ¡Ah! ¡Que me da un ataque! ¡Pintando, dice! ¡Lo que me faltaba! Sólo te lo digo, Paco, si no se marcha pronto, me dará algo. Que yo tengo el corazón delicado. (PACO asiente distraído) ¡Paco! ¡Hazla venir!
PACO Pero si está pintando… Ya te lo ha dicho.
ANGUSTIAS ¡Ah! ¡Me da algo! ¡Ya me esta viniendo! Noto algo aquí en el pecho. (Se sienta en una silla)
PACO ¿No será el estómago? Con la de estofado que has engullido, no me extrañaría.
ANGUSTIAS ¡Oh! Me duele. Paco que me muero, que me muero. Llama a la niña.
PACO (Con un tono de voz bajo y sin emoción, sin que LUISA pueda oírle) Luisa, ven. Tu madre se muere.
(Entra LUISA, como si nada.)
LUISA ¿Decíais algo? ¿No veis que cuando estoy pintando no se me puede molestar?
PACO Que tu madre se muere.
LUISA (Se ríe) ¡Ah! Mamá siempre con sus cosas… Si te pasa algo, ves al médico. Eres una exagerada.
ANGUSTIAS ¡Encima! ¡Exagerada! (Se levanta de golpe. Intenta pegar a LUISA pero PACO la retiene y la vuelve a sentar en la silla)
PACO Venga, Angus, que estás mala… No te alteres…
ANGUSTIAS Bien, pues díselo tú a la niña.
PACO ¿Decirle el qué?
ANGUSTIAS (gritando) ¡Que es una ladrona!
(Entra MARTÍN en la escena)
MARTÍN y LUISA (A coro) ¿¡Qué!?
MARTÍN Luisa, desembucha.
LUISA No he hecho nada.
MARTÍN De provecho, no. ¡Eso seguro!
LUISA (Haciendo pucheros) Martín, ¡eso no es justo! (Empieza a sollozar)
ANGUSTIAS ¡Basta! ¡No toleraré una lágrima! ¡No puedo más!
MARTÍN ¿¡Qué has hecho!?
LUISA ¡Yo, nada!
ANGUSTIAS ¿Nada? ¿Nada? ¿¡Nada!? ¡Tendrá morro! ¡Si coge el dinero de la cartilla azul!
MARTÍN ¿¡Nuestra herencia!? ¿Cuánto ha cogido?
LUISA ¡Bah! Sólo compré un billete de tren.
(PACO lleva todo el rato mirando la situación, como si aquello no fuese con él.)
ANGUSTIAS (sonriendo) ¿Te vas, hija mía? (Aparte) Me parece que ya no estoy tan enfadada.
LUISA Pues no lo sé. Depende de Jean-Pierre.
ANGUSTIAS ¡Ah! ¡El músico francés! ¡Maldito flautista!
PACO (ríendose, ajeno a todo) ¡El flautista de Hamelín!
MARTÍN ¿Por qué no te casas con él esta noche y os vais a París? ¡Harías feliz a mamá!
LUISA ¡Casarme! ¡Ja! ¡Vosotros siempre con vuestras tonterías! Por cierto, papá, ¿me puedes dar algo de dinero para cuando me vaya a París?
ANGUSTIAS ¡Ni hablar! ¡No, no, no!
(LUISA, de espaldas a ANGUSTIAS, le hace un gesto de súplica a PACO. Éste asiente y le guiña el ojo.)
ANGUSTIAS Me tengo que ir al mercao con Martín. Podrías venir a ayudarme, Luisa. ¡Adiós, Paco!
LUISA (riéndose) ¡Ay, no! Que… esto… ¡tengo que hacer las maletas! ¡Adiós mamá!
(ANGUSTIAS y MARTÍN se van. PACO le da a LUISA un fajo pequeño de billetes. LUISA le da un sonoro beso en la mejilla.)
LUISA ¡Cuánto te quiero, papá! Hala, me voy a hablar con Pierre. ¡Hasta luego! (Se va dando un portazo)
PACO Si así se fuese y allí fuera feliz…
Escena III
(Están en la mesa cenando PACO, ANGUSTIAS, MARTÍN y TOMASA)
ANGUSTIAS Ojalá se marchara… ¡Ojalá! Volvería a creer en Dios…
PACO Haz el favor, Angustias, haz el favor.
(Entra LUISA y va directamente a su habitación.)
MARTÍN ¡Luisa, ven aquí! ¿Te vas mañana o no?
LUISA No, no me voy.
ANGUSTIAS ¿Y el flautista?
LUISA Se ha ido…
PACO (despierta de su ensimismamiento) Se lo diste, ¿no es cierto?
LUISA Sí, papá. Se marchó a Alemania con el dinero.
ANGUSTIAS ¿Con qué dinero?
LUISA Ehm… Con el que habíamos ganado tocando por ahí. (Mira significativamente a PACO)
ANGUSTIAS ¡Sinvergüenza! ¡Te lo dije! ¡Un canalla! ¡Eso es lo que es! Y eso te pasa por tonta. Si te hubieses casado con el hijo del alcalde…
LUISA ¡Ay, calla mamá!
MARTÍN ¡A mamá no la hagas callar, Luisa! Te está bien empleado lo que te ha pasado.
LUISA (sollozando) ¡No sois justos conmigo!
PACO No somos justos, no. No deberíamos haber dejado que derrocharas el dinero. Llevamos toda la vida aguantando tus caprichos, Luisa. ¡Y ya está bien!
(TODOS se quedan en silencio. LUISA y ANGUSTIAS llorando en silencio. PACO y MARTÍN mirando a LUISA. TOMASA dándole la mano a MARTÍN.)
MARTÍN Usa el billete, Luisa. Úsalo, ve a París y empieza a ganarte la vida por ti misma, lejos de aquí. Por tu bien y por el bien de todos.
(TOMASA tira de la manga de MARTÍN)
MARTÍN Tomasa, ahora no es el momento, ¿no crees?
TOMASA Es que no puedo aguantar más, MARTÍN. El niño ya nace. ¡Ya nace!
ANGUSTIAS (Deja de llorar. Cogiéndole la cara a TOMASA) ¡Ay, hija mía! Paco, llama a la comadrona. Martín prepara la cama. ¡Ya nace, ya nace! (A TOMASA que inspira y expira nerviosa) Tú tranquila, hijita, que todo irá bien.
(PACO se va a la calle. TOMASA acompañada por MARTÍN y ANGUSTIAS la llevan a la cama. En silencio, se les ve preparándolo todo. LUISA se queda sola en el salón iluminada por un foco.)
LUISA (Aparte) ¡Como si no existiera! ¡Necios! En menuda familia me ha tocado vivir. Si me fuese, lo pasarían mal. Dicen eso porque saben que no lo haré. En cuanto viesen que hago las maletas, se preocuparían muchísimo. ¡Debería hacerlo! En cuanto vean que me he ido, vendrán a buscarme a París para traerme, para convencerme de que vuelva porque me quieren mucho. Se arrepentirán y me harán volver, seguro. (Sonríe contenta) Y cuando me traigan aquí, seré la hija pródiga. Echarán toda la culpa a Martín. Y mamá me pedirá disculpas por haberme tratado así.
Escena IV
(PACO, MARTÍN, ANGUSTIAS alrededor de la cama donde TOMASA abraza al recién nacido.)
ANGUSTIAS ¡Es precioso! Has tenido un hijo muy guapo, Tomasa. Se parece a mi Martín.
PACO Haz el favor, Angustias, haz el favor.
ANGUSTIAS Sí, sí. (A TOMASA) Lo siento, hija. También se parece a ti. Tiene tu nariz. Es demasiado grande, ¿no creéis?
MARTÍN ¡Mamá!
ANGUSTIAS Sólo decía que… (PACO y MARTÍN la miran recriminándola en silencio) Una ya no puede decir nada.
TOMASA Es muy gordito… (sonriendo) ¿Y Luisa? Martín, dile que venga.
(MARTÍN se va al salón. LUISA se asoma a la ventana desde fuera, sin que la vean. Sostiene un saco mientras contempla a su familia en el interior. MARTÍN vuelve a entrar.)
MARTÍN No está, ni sus cosas tampoco.
ANGUSTIAS ¡Ah! ¡Gracias a Dios! (Hacia el cielo) ¡Has iluminado a mi hija! ¡Gracias! (Cambiando de tema) ¿A que es guapo mi nieto?
(MARTÍN, TOMASA y PACO asienten y todos siguen haciendo carantoñas al niño. Desde la ventana, se ve a LUISA marcharse)
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miércoles 18 de abril de 2007
Una noche de locos (parte II)
Cuando no estaba ocupada me invadía la conciencia y me sentía culpable por aquel tal Foster. Busqué en Internet, pensando que vería que, en realidad, Foster era un escritor de prestigio y no quería firmar aquel libro mediocre, pero no fue así y aún me sentí peor. Seguro que era algún joven que trataba de abrirse paso en el difícil mundo editorial. Era demasiado dramática, lo sabía, pero ¿por qué no firmaba él? ¿Y por qué Steward no me respondía al teléfono? Se había ido a Londres a una feria de libros durante un mes, o eso dijo su ayudante.
Siempre había pensado que si publicaba un libro estaría muy orgullosa y, en cambio, me sentía como una farsante. Como lo que era. Por las noches me despertaba sudando porque soñaba con Foster en televisión reclamando la autoría de su novela. Esto me estaba trayendo más problemas de los que pensaba. Tendía a decidir demasiado rápido. Debí decirle que no. ¡Qué tonta era!
Mientras, yo seguía trabajando de correctora de libros, de lo que soy realmente, mucho antes de que Steward me liara con toda esta mierda. Además, me pasaba las horas escuchando los programas literarios radiofónicos para ver si mencionaban la novela. Sólo tenía que esperar que se vendiesen ejemplares de Mi Supuesto y dejar que la culpabilidad hiciese el resto con mi cadáver.
Una mañana, tecleando un informe sobre unas galeradas de una novela policíaca, escuché: “Y en unos instantes Paul nos hablará de los libros “Una noche de locos” y “El día del crimen”. ¡Los tertulianos de aquel programa iban a comentarlo! Se me acereleró el corazón cuando dijeron mi nombre. ¡Me habían citado en la radio! Sonreí para mis adentros. El capullo de Steward hacía bien su trabajo; un mes después de que saliese el libro de una – supuesta, o sea yo –autora nobel, ya lo comentaban en la radio y esto de los libros iba muy lento. Estaba impresionada.
- Bien. ¡Hola Paul! ¿Qué nos traes hoy?
- Mira, empezaremos por una novela escrita por una tal Anna Durham, nueva en esto. La novela augura ya un final trágico pero nunca tan inesperado. Creo que es genial. Parece empezar como una novela romántica como tantas otras pero está muy bien. A ver qué opinan los oyentes. Sí, precisamente tenemos alguien al otro lado. ¡Hola Mike! Cuéntanos.
- Sí, hola. Antes que nada agradeceros que me alegráis todas las mañanas.
- Gracias Mike.
- Con todos mis respetos, Paul, no estoy nada de acuerdo contigo. Siempre había pensado que eras un buen profesional y que leías todo lo que recomendabas.
- ¿Por qué lo dices, Mike? – dijo el locutor, cuya voz se iba tensando como si de una guitarra se tratase.
- Porque me parece mentira – ahora era Mike quien empezaba a increpar y a levantar el tono de voz – que digas lo del trágico final, cuando de trágico nada e inesperado, mucho menos. Es otra maldita novela romanticona de color de rosa.
- Me parece que eres tú quien no ha leído el libro. Siento mucho decirte que el tiempo de las intervenciones es limitado. Esperamos que lea bien el libro otra segunda vez.
- Ahora me hacéis callar! Como digo la verdad… Que sepáis que no volveré a escuchar este programa de pacotilla porque…
- Sentimos este altercado. – dijo Paul que debía estar con los auriculares puestos, hablándole al micrófono sonrojado y revolviéndose en su silla – Como saben, respetamos todas las opiniones pero…
Apagué la radio. ¡Qué pasada! Había mal rollito en torno al libro. Era la mejor manera de promocionarlo. Hojeé uno de los ejemplares de su novela, busqué la última página y leí: “se casaron en un pequeño rincón de la Toscana”. ¿Inesperado? ¿Trágico? Aquel locutor de radio veía mal que se casaran y no se lo esperaba. Qué pocas novelas románticas leía. Pero yo estaba muy contenta, a más polémica, más publicidad, luego más ventas.
Al día siguiente, a la hora de comer, salí del cubículo donde trabajaba de vez en cuando – una de las ventajas de mi trabajo es que podía leer los manuscritos en casa – y bajé a comer al bar de al lado. Nancy, amiga y compañera de trabajo, se sentó conmigo en la mesa. Nancy era la típica chica rubia, de pelo liso y lacio, con demasiado maquillaje esparcido a manchurrones. Era de las pocas que les seguía la corriente a Steward y daba la sensación que vestían a juego, solían llevar prendas rosa, azul turquesa y verde médico. Yo creía que eran tal para cual pero Steward aún no se había dado cuenta, estaba muy ocupado mirándose el ombligo y su blanca dentadura. Nancy era una chica simpática y tan lista como lo podía ser su calco de plástico – las Barbies –. Siempre pensé que sus padres, al comprarla en la juguetería, leyeron mal el nombre de la caja.
- ¿Oíste ayer la radio? Hablaban de “Una noche de locos”… - dije yo, rezando para que lo hubiese hecho y pudiésemos comentarlo. Solía estar ocupada y no tenía mucha más vida social que los compañeros de trabajo.
- Sí, sí. Me avisó Steward que saldría. ¡Ha sido buenísimo! Tía, Paul Rowland no tenía ni idea de qué iba… - decía riéndose con una sonrisa artificial como los labios que la recortaban.
- Ya, ya… Pobre. Me extraña de él. ¿Has hablado con Steward? A mí no me contesta las llamadas.
- Sí, sí. Entiéndelo, sólo puede hablar con las personas importantes. – dijo orgullosa mientras yo forzaba mi sonrisa – Pero tranquila, volverá la semana que viene. Y por cierto, ¿sabes el tío que llamó para quejarse de Paul? Pues, ¡qué fuerte! Irá hoy al programa ese que dan por las noches, que sale aquella tía tan bajita con el pelo rojo.
- Sí… No me acuerdo del nombre pero sí.
- Pues va a ir a ese sitio para criticar al locutor… a Paul Rowland.
- ¡Ja! De maravilla. Eso es bueno.
- Sí…Bueno para ti. Pobre tío…
Nancy podía ser todo lo estúpida que quisieses pero si buscabas a alguien que lo supiese todo, cualquier cotilleo o noticia, ésa era ella.
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miércoles 4 de abril de 2007
Una noche de locos

Lo que más me saca de quicio es su sonrisa burlona cuando ve que sus bromas no me hacen gracia. ¿Lo último? Llamar a su iguana con mi nombre. La iguana Anna, dijo mientras enseñaba su blanca dentadura, riéndose burlón. El colmo fue que se le metió entre ceja y ceja ir al restaurante más caro de la ciudad, el O’Malleys, a cenar con Anna – la iguana –. Yo, como buena empleada y ejerciendo de secretaria – cosa que no soy –, llamé para reservar mesa para dos, obviando el asunto del animalejo. Se ve que al llegar, el metre creyó que Steward quería que le cocinaran el bicho y todo el restaurante se puso patas arriba. Al saber que sólo quería que cenara con él, aún se sintieron aliviados. Son muchos años conociendo a Steward, y mucha la fama que lleva detrás. Porque, claro, si todo el mundo le respeta, es por algo. No creo que fuese en agradecimiento, porque él no es así, pero el caso es que el restaurante O’Malleys salió como Mejor Restaurante de la ciudad en la guía gastronómica de Steward & Jones.
Aquella mañana, Steward llegó antes de las once, cosa rara en él. Me llamó a su despacho, tenía que hablar conmigo de algo muy interesante. De camino, fui tratando de averiguar qué podía habérsele ocurrido: llevarse de viaje a la iguana, organizar una reunión con los chinos sin ningún traductor, lanzar al mercado algún libro escrito por él sobre reptiles, etc. Pero desistí, supuse que jamás lograría adivinar lo que aquel hombre podía llevar entre manos.
- Anna, he decidido que vamos a escribir un libro. – dijo mi jefe sonriendo.
- Muy bien… No, no. Bien, no. Espera, espera. ¿Has dicho vamos? ¿Vamos, quién? – dije yo. Esperaba estar equivocándome.
- Pues tú… En realidad, yo te daré la idea y tú lo escribes.
- Mmm… De verdad, de verdad que no creo que funcione. ¿Estás seguro de lo que dices? ¿Por qué tengo que escribirlo yo?
- Sí. Quiero que lo escribas tú.
- ¿No podría hacerlo algún otro? Yo no soy escritora.
- Pues ya va siendo hora. Todos los escritores con los que trabajamos están escribiendo alguna novela o promocionándola. Tiene que ser alguien nuevo, sin reputación y nada que perder. – dijo entusiasmado.
Yo no quería participar en sus locuras. Además, insinuaba que no tenía reputación y nada que perder. ¿Qué quería decir con aquello? Quizás nadie me conociera pero yo tenía un currículum impoluto que tendría que manchar porque a un tarado le apetecía que escribiera un libro. No podía creérmelo. Iba a tener que escribir un libro.
- Pero, ¿tú crees que voy a poder escribir un libro? Tardaré años.
- No, no. Escribirlo no. Sólo retocarlo, cambiar algunos trozos…
Durante un buen rato, trató de convencerme de que era una idea genial que yo firmara un libro que no escribiría, tan sólo lo “retocaría”. Tuve que aceptar el reto, como él lo llamaba, sin estar un ápice convencida, pero él seguía creyendo en su poder de persuasión. Ingenuo. Dijo que tenía que escribir varios finales alternativos así que, cogí el manuscrito y me marché a casa.
Al llegar, empecé a pensar en lo que me había ocurrido. No podía ser cierto. Aún no me había dicho para qué quería que lo hiciese. Me veía en la cárcel, por plagio o lo que fuese. Me senté en el sofá y comencé a leerlo.
“Una noche de locos” por K. Foster
No me sonaba para nada aquel nombre. Blasfemaba en silencio contra Steward. ¿Por qué no podía firmar la novela el tal Foster?
La verdad es que era una novela entretenida. Tenía unas doscientas páginas y me la leí aquella misma noche. No me importaba firmar una novela así. Quizás tuviese razón Steward. Lo único malo de aquel libro era el final, abierto, sin conclusión. Decepcionaba bastante pero, lo normal en aquellos casos, hubiese sido decirle a K. Foster que cambiase el final y se vendería más y mejor. ¿Por qué hacerme escribir varios finales? ¿No era mejor que me dijese qué final quería, en vez de hacerme escribir varios? Daba igual, tenía que hacerlo y ya sabría después el porqué o, al menos, esperaba saberlo.
Hice borradores con finales alternativos: uno triste y dramático; otro feliz, muy típico de Hollywood, etc. Me había pedido que, como mínimo, escribiese cinco finales. También me había dado manga ancha para cambiar, según el final, alguna parte de la novela.
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martes 3 de abril de 2007
Paseando por la ermita del Mirón

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lunes 26 de marzo de 2007
Una pequeña parcela de placer

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Saco de retales
domingo 18 de marzo de 2007
Entre la niebla
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En lugar de mil palabras
martes 27 de febrero de 2007
A dos miligramos del mundo
“Fermín, haz la ronda. Recuerda que a Ana son dos miligramos de Haloperidol."
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lunes 19 de febrero de 2007
Carta a la vida
Pero en aquellos momentos, entre emoción y alegría, me era imposible pensar que ibas a irte, que serías capaz de dejarme. Siempre estarás conmigo, pensaba yo ingenuo. Porque no te valoraba, porque te tenía en casa. Pero ahora que tú tienes la puerta de mi piso abierta y un pie fuera, creo que ya es tarde. Sinceramente, sé que he dejado pasar demasiado el tiempo y, ahora ya, todo carece de sentido, incluso esta carta. Es inútil. Porque no vas a volver, porque te despides con un beso húmedo en mi frente, compasiva, pensando: “cuántas cosas podríamos haber hecho juntos”. Y es cierto, aunque nunca tuve ningún proyecto de futuro, ahora pienso lo que podría haber disfrutado. Aquellos pequeños detalles de ti que no veía, que me parecían nimiedades, es lo que más me asusta, perderlos. Una tarde de cine, un beso a escondidas, un amor de medianoche o uno de muchas noches. Ahora veo todo lo que me pierdo. Y soy un estúpido, lo sé. Pero compréndeme… Aunque no tenga argumentos a mi favor. Nada que alegar. Sólo sé que ahora sí te quiero, ahora sí lo sé. Pero no tiene mérito. Ya no. Too late…
Haces que las lágrimas se asomen a mis ojos, cuando ya pensaba que nadie lo haría, cuando veo que nuestro final está a un paso, a ése último paso que te queda para cruzar el umbral pero, la cámara se ha parado, dándome un instante de lucidez, entre letargo y letargo, para reflexionar. Había estado en una nube de superficialidad, de risas y estupidez, en una sociedad que te anestesia contra todo mal, que te tapa la maldad, el sufrimiento. Pero en mi caso no, yo lo sabía, pero no lo quería ver. ¿Cuántas veces tendré que repetirlo para dejar de arrepentirme? Idiota, idiota, idiota. Ahora me parece tan obvio que no entiendo como podía dejar aquella venda en mis ojos, de aquellas que están mal colocadas, de las que ves por debajo los pies de alguien que se ríe mientras palpas quién debe ser. Pero entre risas, adormilado de placer, entrecierras los ojos pensado: “Quien sea, ya volverá a llamar”. Pero cuando vuelve a llamar es para llevarte a ti para siempre. Porque tú, vida, eres lo que siempre me ha faltado. Siempre he necesitado algo más que sólo tú, pura y sencilla.
Y ahora, que la muerte asoma, que me veo estirado, queriendo gritar y sin poder en una triste camilla de hospital, con olor a desinfectante, con unas blancas paredes que me hacen entornar los ojos, sin poderte decir qué estupido fui. Que ahora que me voy, veo que por haber querido conocerlo todo, me he quedado sin saber nada más, que por más sustancias que probase lo que realmente quería era tener algún motivo para vivir, algo que te diese sentido, porque yo, sí, yo, no tenía ningún sentido para continuar viviendo. Tenía una existencia vacía y estúpida y ahora veo lo profundamente enamorado que estoy de ti, de un amor platónico que he decidido zanjar sin querer. Antes de volver a dormirme, quizás esta vez para siempre, quería darte las gracias por todo cuanto me has dado. Lo que me asusta es el tiempo que pierdo de ti pues la muerte no me asusta.
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domingo 18 de febrero de 2007
Los límites del universo
Alguna vez me había planteado dónde están los límites del espacio y el tiempo del universo pero, como nunca había encontrado solución, tampoco había reflexionado mucho. Así que, hagámoslo.Es extraño pensar que el universo tiene límites porque, de ser así, da la sensación de que vivimos en lo que sería una caja de zapatos de algo mayor que debe haber fuera. Científicamente, se dice que el universo tiene límites espaciales pero somos incapaces de comprenderlos porque son cuatridimensionales por lo que, nos podemos quedar con que “es muy grande”.
En cuanto al tiempo, yo creo que el tiempo sería tiempo igualmente aunque nuestro planeta no existiese o incluso el universo lo que, probablemente, se mediría en unidades muchísimo mayores que los años porque el tiempo se mide según la escala que, en nuestro caso, es nuestra vida. Si comparamos nuestra vida con la de un planeta, la nuestra es irrisoria.
En resumen, mi opinión es que sí que debe haber límites espaciales en el universo pero que debe haber más universos u otras cosas que no llegamos ni a imaginar. Somos demasiado ignorantes para el simple hecho de llegar a imaginar el espacio exterior. El tiempo no creo que tenga límites; quizás sí nuestro tiempo histórico o nuestra especie pero no el tiempo a gran escala, que seguirá pasando y pasando y pasando...
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Reflexiones
Solidaridad

Pero, en realidad, no es, ni de lejos, la primera vez que nos hablan de esto. Sabemos lo mal que lo pasan y qué podemos hacer nosotros para ayudar. Deberíamos querer ayudar por nosotros mismos pero, en una sociedad tan cómoda, lo más fácil es quejarse y echar la culpa a otros.
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Reflexiones
Una charla cualquiera
Pues bien, ¿cómo quieren que seamos inocentes, que tengamos ilusión, en este país que nos dejan? No podemos tener ilusión pues vosotros, los adultos, no mostráis ilusión por nuestra sociedad y sólo exclamáis la mierda de país en el que vivimos y, encima, nos decís que no podemos hacer nada para arreglar lo que habéis hecho que es demasiado tarde.Hoy, en una charla de un catedrático de economía blablablá, nos ha hecho que nos demos cuenta con tanta infinidad de datos y estadísticas que podría escribir un libro, que España se hunde, sin exagerar. Bueno, yo no cuestiono que eso sea cierto o no, pues no me atrevo a contradecir a un doctor en economía pero sí de frustrar cualquier ilusión que nos quedara para mejorar este asco de sociedad.
Según este señor, no hay nada que podamos hacer ni nosotros ni el gobierno. Nada. Si realmente esto es tan extremo como nos plantea y no hay posible solución y ni siquiera el cree en que una España mejor es posible, creo que debería dejarnos vivir ignorantes mientras esto se hunde. Durante toda la ponencia esperaba oír una frase que nos diera coraje o ánimos para cambiar la situación o para tener esa ilusión. Pero no, nada se puede hacer al respecto. Entonces, si no era un revulsivo para que actuásemos, ¿qué objetivo tenía la charla? ¿Que nos llevemos las manos a la cabeza? ¿Que lloremos?
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Crítica
lunes 29 de enero de 2007
Gala de los Goya 'o7
Si el último artículo criticaba la película de Díaz-Yanes, los Goya han sido más duros. Sólo se llevó tres, y todos técnicos. Quien sí triunfó fue El Laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro y ¡cómo no! Volver de Almodovar.Pero no he venido a hablar de eso, no. Lo que me enerva es ver cuánta mala educación hay. Viggo Mortensen tuvo la amabilidad de venir a la gala de los Goya y, encima de que no le dieron el Goya, ni le propusieron dar alguno, una periodista lo trató sin respeto. Pero no es porque sea Viggo Mortensen. Tras pedirle a él y a Guillermo del Toro que dijeran su nombre si les tocaba - toda una osadía por el simple hecho de comentarlo- le pellizcó la mejilla al Actor Revelación Quim Gutiérrez. Y luego, una vez expuesto el reportaje, tiene la desfachatez de decir que la gala no tuvo glamour que, quitando que lo tuviese o no, ella no contribuyó precisamente a dar ese respetuosidad y elegancia a la entrega de los premios. Y lo que más rabia me da es que nadie se da cuenta de eso. Ni de cómo se trató a Mortensen porque, claro, es "yankee". Nos quejamos de los americanos pero para uno que se interesa por nuestra cultura...
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domingo 3 de septiembre de 2006
El capitán Alatriste

Aún así, como película, con las bazofias que se ven por ahí, está bien. Una más entre las americanas pero la única entre las españolas, tan grande.
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Cine,
Crítica,
Literatura
domingo 20 de agosto de 2006
Desenterrando reliquias
Albo palacio de oro y cuarzo,
Danzas y piel color arena,
Bazares de camellos
Y encantadores de serpientes.
Nobles castillos legendarios,
Valientes caballeros combatientes
Y vastas llanuras verdes
Bajo la bóveda gris crecen.
Tierras hermosas,
Patrias grandiosas,
Mas mi corazón,
en otra orilla se forjó:
El mar espumoso
Se rompe en perlas
Contra las barcas de algodón
A los marines mojando.
Aroma de jazmín y azahar,
Flotan brisa al compás
Y en los cerros alzadas

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Es una poesía que escribí en 2004, cuando tenía 13 o 14 años.
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Imaginando
jueves 15 de junio de 2006
Desenredando Barcelona
Les organizo una tarde recorriendo las callejuelas del centro. Bajen por Portal del Ángel hacia la Catedral, se irán del cosmopolitismo de una ciudad hasta principios del siglo pasado. Tras una visita a la catedral si la rodean, irán olvidando a los turistas y los compradores desenfrenados que se apelotonan en la plaza para dejar paso a un cuarteto o un tenor, según el día, deleitando al personal y, de paso, ganándose el jornal.
Alejándose del corrillo formado por los músicos y oyendo aún las notas del violín de turno, dejése llevar por los callejones de la ciudad hasta alcanzar una plaza olvidada por la modernidad en una ciudad como ésta.
Sin verla desde la sinuosa callejuela, tras pasar un arco que franquea la entrada, llegas allí. La plaza St. Felip Neri está justo en medio del tumulto de los barcelonenses y los turistas y cuando se llega a aquella plaza, un silencio se apodera de todos. No se oye nada de fuera. Nada. Tan sólo una fuente y algunos niños osan pertubar la tranquilidad de la gente. Es una evasión al mundo, donde, al mirar a la esquina, vuelves a unos años treinta que se clavan en forma de agujeros de balas de guerra en la pared de la pequeña iglesia.Cuando ya haya evadido el mundo actual, vuelva a subir por Portal del Ángel y retroceda un poco más en el tiempo. El Café dels Quatre Gats está en otro callejón sinuoso y para ver ese magnífico edificio, se tiene que inclinar en la pared opuesta. Secretos así, no deben lucirse. Deben estar ocultos en medio de la ciudad para encontrarlos por casualidad. En ese café modernista, en esa silla donde vaya a sentarse, siéntase importante porque fue refugio de Albéniz, Picasso, Gaudí y otros genios del momento.
Si aún sigue con ganas de perderse y las tiendas no lo han absorbido con sus letreros luminosos de descuento y rebaja, diríjase hacia la calle de la izquierda de más arriba. ¿La ve? Bien, pues continue hasta que encuentre una plaza a su derecha, con una floristeria. Esa plaza, la de Santa Ana, es otro de mis lugares favoritos de Barcelona. Entenderá por qué. El empedrado, la iglesia y el intenso olor a flores la hace inigualable e irrepetible. Le dejo aquí y...disfrute.
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Reseñas
viernes 9 de junio de 2006
tv series: HousE
Gregory House es un nefrólogo amargado de armas tomar, que ignora las leyes y cuyo eslógan "brutalmente honesto" lo define a la perfección. Es honesto hasta ser ofensivo y su humor mordaz es divertidísimo. Tiene a su cargo al Dr. Foreman, un neurólogo afroamericano, Dr. Chase, el australiano y la Dra. Cameron. En cada caso se descubren las más raras enfermedades.

(Sobre un paciente del que han descubierto su enfermedad): Enhorabuena Chase, es cáncer. Aseadlo y que se lo quede oncología, la fiesta es suya.
(House, tras ver el expediente de un paciente que acaba de ingresar): ¿Usted es Taddy? Me encanta el nombre, si alguna vez tengo un perro…
(House a un paciente al que están haciendo unas pruebas): "Enhorabuena, ha sido tumor".
(El equipo habla con admiración de un médico que lucha contra la tuberculosis en África): "Ni siquiera es un médico de verdad, éste es un telemaratón con patas".
(Cuddy está muy preocupada por los síntomas que presenta un obrero que tuvo un accidente en su casa y House le dice): "Ojalá hubiese caído de cabeza, así no tendríamos esos síntomas".
(House entra en el despacho de la directora del hospital) "¿Sigue siendo ilegal hacerle una autopsia a alguien vivo?"
(Wilson está en la consulta con una paciente y House quiere que salga): "¿Se muere? No, pues que espere".
(Su equipo le pregunta por qué va a arriesgar la vida de una niña con una nueva operación): "Es que Wilson está pesado con darle otro año de vida para despedirse de su mamá. Debe ser tartamuda, la pobre".
(House a la directora del hospital cuando ve que tiene un ayudante nuevo): "¿Para qué quieres un secretario, la agencia matrimonial no te funciona?"
(House se entera de que han asignado a otro doctor un caso que él quiere): "Bueno, no me gusta hablar mal de otros médicos, y menos de un borracho tan torpe."
(House lleva al hospital a un condenado a muerte para ocuparse de su dolencia): "Tengo que dejarlo nuevecito para que el Estado se lo cargue."
(Chase pregunta por qué es él quien tiene que ir a investigar a la prisión): "Como eres tan mono, los reclusos serán más cariñosos contigo."
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Reseñas
jueves 8 de junio de 2006
Sobre libros y polémica
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Cine,
Crítica,
Literatura,
Reseñas
martes 23 de mayo de 2006
tV series: F·R·I·E·N·D·S

Hace un año que finalizó la mítica serie Friends. Ganadora de un EMI y un Globo de Oro y con más de 200 capítulos ha arrancado carcajadas de medio mundo y ha contado con casi todo el reparto de Hollywood como sus invitados. La clave de su éxito está en su humor universal y la estructura de la serie, pues no necesitas seguir los capítulos y cada uno es individual aunque siga una historia, no necesitas saberla para que te divierta y te desternilles de risa. Narra la historia de seis neoyorquinos: Ross, Rachel, Phoebe, Chandler, Joey y Monica. Es imposible recomendarlo, lo hace por sí sola.
Garabateado por: María* 1 garabatos
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Reseñas
viernes 5 de mayo de 2006
divagando...
de fondo: Uno para todas (película)
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Reflexiones
jueves 4 de mayo de 2006
Territorio Comanche
a especial, y además me frustraría ver esa injusticia tan de cerca. Estoy leyendo Territorio Comanche, que son sus experiencias de la guerra de Bosnia, y te puedes hacer una ligera idea de qué infierno se vive en una guerra.Acerca de recomendar un libro, si esto se supone que es una reseña pues ¿qué deciros? Ya lo veis... Es rápido de leer, son sólo 125 páginas y no dejan indiferente a nadie. Supongo que pensaréis que entre éste y Vacaciones en Roma, me baño en actualidad, pero sería muy común recomendar novelas históricas ¡que hay tantas últimamente! La cena secreta, El código Da Vinci y tantos, tantos, tantos otros... Así que os recomiendo uno que nada tiene que ver con eso. Os recomiendo esta entrevista -previa al libro- a modo de introducción:
Usted ha sido dado por perdido dos veces, una en 1975 en el Sáhara y otra en Eritrea...

- Sí... Lo del Sáhara fue que empezaba entonces la guerra del Polisario, todavía no se sabía nada aquí, y crucé las líneas y me fui con el Polisario, y en Madrid me dieron por perdido durante mes y medio. Y en Eritrea fue peor: en aquella ocasión estaba en Tessenei, una ciudad eritrea, con la guerrilla, y tomamos la ciudad, bueno, la tomaron ellos, y después fuimos cercados por los etíopes, y, bueno, fue una masacre, hubo una matanza y tuvimos que irnos a la frontera con Sudán, huyendo de noche por la selva... Eso sí que fue una cosa mala, mala... En Madrid me dieron por muerto. Llegué a la frontera con disentería, hecho una porquería, medio muerto...
- Y usted pensó que también iba a morir.
- Sí, sí, fue una de esas veces que... Aparte de que llegué a la frontera con hemorragias intestinales, muy malo, muy malo. También fue la única vez en mi vida que... [levanta la mano, con el índice y el pulgar estirados].
- La única vez que ha llevado armas...
- Sí, por supuesto. Porque allí nadie cuidaba de ti más que tú mismo.
- ¿Sabe usted disparar?
- No, sólo lo que cualquiera que ha hecho la mili. Pero no me gustan las armas. La gente cree que porque eres corresponsal de guerra te tiene que gustar las armas y tienes que ser militarófilo, pero en mi caso no es así. Sólo he disparado en Eritrea, pero es que tenía que hacerlo, nadie cuidaba de mí y...
- ¿Le dio a alguien?
- No lo sé y espero que no. Afortunadamente no lo sé. Pero te diré una cosa: en esas circunstancias me hubiera dado igual el haber dado a alguien, tenías que hacerlo. A mí me han disparado muchas veces en mi vida, muchas veces, me han disparado para matarme y no me han dado, y, bueno..., si una vez he disparado yo y he dado a alguien, pues mala suerte, pero se trataba de mi piel. Pero, de todas formas, mejor es no saberlo. Al menos no tengo sobre la conciencia ningún muerto, que yo sepa.
-¿De qué maneras le han disparado -metafóricamente- y usted no lo hizo?
- Pues, pues... No sé, por ejemplo, yo nunca le he pegado a un tío con gafas, pero cuando yo llevaba gafas me las rompieron un montón de veces, y cuando empezaba en periodismo había un tío que me decía: «Hola, chaval», y yo pensaba: «Qué tío tan simpático», y luego resulta que me estaba haciendo una faena por detrás para que yo no fuera a hacer tal reportaje y así poder hacerlo él... Y entonces me di cuenta de que yo era un ingenuo, un auténtico pringao. La vida te va dejando marcas, y cuanto más te mueves, más riesgos corres. O sea, si eres un empleado de banca, a lo mejor los riesgos son menores, pero si tienes una vida más movida, pues hay riesgos en los que te juegas el alma, si el alma existe... Por eso, yo, mi alma... Yo he visto violar mujeres. Lo he visto. Tengo una de esas fotos de la memoria de que antes hablábamos, y tengo la foto de una ciudad ardiendo, que se llamaba Tessenei, y tíos saliendo de las casas con colchones, y radios, y vajillas; y hay gente corriendo, y muertos en las calles, y hay mujeres a las que están violando que están gritando en los portales. Y algunos de los que las están violando son mis amigos, gente que ha estado conmigo un montón de meses en la selva, y yo tengo 26 años, y estoy viendo eso. ¿Qué hago yo, las defiendo? Tendría que haber dicho: «Moriré por defenderlas». Teóricamente tendría que haber dicho eso, porque eso era lo que me pedía mi código personal. Pero, por otra parte, hay una cuestión práctica: no puedo defenderlas, no vale para nada lo que yo haga. Y después soy un periodista, un testigo, no un actor del suceso. Y de esas fotos tengo unas cuantas. Esas cosas te... No pasas impunemente por Tessenei.
Rosa Montero entrevista a Arturo Pérez-Reverte para EL PAÍS SEMANAL (18 de julio de 1993)
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¡CinE!
Intentaré escribir almenos mensualmente la sección sobre películas que me hayan gustado. Últimamente me he aficionado a las películas en blanco y negro. De hecho, no debería ser una clasificación cinematográfica el color de las películas, pero ya me entienden.Empecé con Vacaciones en Roma (Roman holidays) de Audrey Hepburn y Gregory Peck. Me gustan mucho más que las comedias actuales. Y los iconos del cine de entonces eran mucho más naturales y, desde luego, más elegantes.
Es muy entretenida y yo iba toda feliz expectando el anunciado final feliz, cuando la Princesa Ana se entera de que él es un periodista. Entonces, en la rueda de prensa, se van todos los periodistas y yo, ingenua y acostumbrada a los finales ideales del Hollywood de ahora, me quedé esperando a que ella saliese para que le dijese que vivirían para siempre juntos. Pero no, me quedé con las ganas y de piedra cuando salieron los títulos. Me sorprendí pero, aún así, fue un final mejor que si se hubiesen dado un peliculero último beso.
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