jueves, 18 de octubre de 2007

Angola



Puse el pie en el peldaño de la escalera, contuve el aire y salí. Ya estaba allí y no había vuelta atrás. Todo lo que me rodeaba era de un verde que jamás había contemplado, el de los bosques frondosos del África subsahariana. La hélice de la avioneta cesó y mi pulso se aceleró. Al caminar, la cámara golpeaba contra mi barriga. Tal como me dijeron, no me sentía capaz. Yo no había tenido la muerte frente a frente, nunca había visto morir a nadie y si se cruzaba en mi camino, ahora debería fotografiarla.

A las afueras de un poblado, sentado en el suelo árido jugaba un niño con dos piedras, babeando y metiéndoselas en la boca. Su piel oscura brillaba con el sol. Hice una fotografía a aquel niño que jugaba, ajeno a todo lo que pasaba su familia, su país. Nunca había visto aquello de una forma tan cercana y ahora me parecía irreal. Por fin había conseguido mi sueño: que me destinaran para cubrir las noticias de un lugar como aquel para denunciar todo lo que hacía a mi país desarrollado y a África miserable.

Mientras tanto, la madre del niño pedía algo de comer a unos periodistas que iban conmigo y que, a diferencia de mí, ya habían manchado de sangre y polvo el objetivo de su cámara. Le dieron algo de lo que llevaban encima para evitar que siguiese contándoles su historia. Huía de su marido para que su hijo no tuviese tan mala vida como la que le había tocado vivir a ella.

Pensándolo bien, aquel niño tenía suerte, estaba vivo y tenía familia, una madre que lo dejaba todo por su hijo. Con suerte aprendería a leer y tendría, en el futuro, algún oficio. Se casaría joven y tendría hijos que se parecerían a él. Ya no viviría tanto sufrimiento porque la guerra había terminado. Aquello me hizo sonreír. Al menos aquel niño podría tener momentos felices. Hice otra fotografía de la madre cogiendo en brazos al niño y mirándome. Lo enrolló contra sí con una tela y se marchó caminando. Los vi alejarse, recortándose su pequeña silueta en la lejanía. Sonreí y cerré los ojos para sentir el aire caliente en su piel, el olor áspero de Angola.

Al abrir los ojos, el humo cubría el lugar que segundos antes ocupaban aquellas dos personas. La explosión me había cogido desprevenida y tardé unos segundos en reaccionar. Cuando me di cuenta, los periodistas que habían dado de comer a la madre, con sus cámaras, la fotografiaban llorando mientras sangraba, sin soltar a su niño inmóvil.
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12 garabatos:

Arcángel Mirón dijo...

Es verídico? Lo terrible es que aunque sea un cuento, seguro sucedió algo parecido.
Está muy bien contado. Es terrible.

A rapacinha dijo...

No sé si la historia está basada en una experiencia real pero desde luego que es muy realista. Cuando viajas a un país africano subdesarrollado, te sientes muy diferente porque lo eres. No sólo por el color, sino también por tu manera de mirar la vida. Este tipo de viajes te cambia, aunque sea sólo un poquito, tu vida. Puede que cierres el grifo mientras te labas los dientes porque te sientes, no culpable porque tú no has hecho nada en contra de ellos, sino porque te gustaría un poco más de igualdad. Aunque sea extremadamente difícil porque es un paso que todo el mundo debe dar; no sólo unos pocos. De hecho, incluso a veces yo me siento culpable porque podría ir a algún país africano subdesarrollado y ayudar a construir colegios o a enseñar ingles o matemáticas a algunos chicos. De hecho, es una de las cosas que no puedo morir sin hacer.
Por cierto, super bien narrada la historia y muy buena la descripción de la situación en la que se encuentra la chica que baja del helicóptero.

Narval dijo...

Es terrible y parece una hipocresía, pero que pueden hacer periodistas en África trabajando como periodistas sinó sacar fotos y preparar reportajes?

maria* dijo...

He cambiado algunas cosas porque me he dado cuenta que no había reflejado bien que la protagonista era una periodista.

Arcángel, ojalá la primera parte - lo de ser periodista - sea verdad de aquí unos años.

Rapacinha, no, no es real. Y sí que es injusto.

Narval, puede que no se haya entendido pero estoy contigo. Para nada creo que hagan lo que no deben. Intentaba reflejar que la tragedia allí es cotidiana.

Jordi M. Novas dijo...

descorazonador..

LUIS AMÉZAGA dijo...

Hemos aprendido a ver la realidad a través del ojo de una cámara. Si no se fotografía o se graba, no existe ni es relevante.

El contacto de piel a piel, rompe cualquier tipo de diferencia de clase, raza o ideología.

Rosenrod dijo...

Ánimo con lo de ser periodista. La vocación sí que pareces tenerla; ojalá logres trabajar de ello, y de verdad en lo que quieres.

Un beso!

Fanático dijo...

Hola!
bueno, ya te dije que me gustó el texto. lo q mas, el cambio del final...hasta entonces parece demasiado happy, pero la protagonista abre los ojos, incluso textualmente (eso tb me ha gustado mucho), y descubre la cruda realidad.

besicooos:)

Henry J dijo...

Ufff duro y estremecedor...
Es cierto?

Joooeer.

Ro dijo...

Que fuerte... Me recordo la pelicula 'Blood diamond', con Di Caprio. Si no las has visto, te la recomiendo. En cierto momento alguien dice que en Africa la tierra tiene un color rojizo por toda la sangre derramada...
Uff, da escalofrios. Saludos!

Ro dijo...

Que fuerte... Me recordo la pelicula 'Blood diamond', con Di Caprio. Si no las has visto, te la recomiendo. En cierto momento alguien dice que en Africa la tierra tiene un color rojizo por toda la sangre derramada...
Uff, da escalofrios. Saludos!

maria* dijo...

Bienvenida Ro, ¡¡BINGO!! Me inspiré en diamante de sangre. Me encantó esa película. Es genial. Gracias por pasarte por aquí.