martes, 22 de enero de 2008

Soga

Es ardua tarea el asumir que la mitad de tu ser proviene de alguien que es capaz de degollar y despedazar a cualquiera que se interponga en su camino. Es cierto que yo soy completamente inocente pero mi historia y mi existencia estarán siempre teñidas de escarlata.
Mi padre no seguía ningún tipo de ritual, ni tenía un estilo personal. Tampoco se creía artífice de un juego que la policía debía descifrar, ni inspiraba esa admiración oculta que provocan algunos maestros del rebuscado arte de la aniquilación. Tan sólo mataba. De una forma tosca y ruda, sin la destreza de un carnicero ni la minuciosidad de un ajedrecista. No sé tampoco muy bien qué fue lo que le llevó a empuñar un cuchillo, ni por qué mató a aquel anciano que vivía en el piso de abajo.
Su vida era completamente normal, salpicada por algunas muertes, pero monótona y aburrida como todas. No destacaba por su agresividad, más bien era un enclenque sin carácter que dejaba pasar la vida sin más sobresaltos que los estrictamente necesarios. No era maniático, ni tenía ninguna extraña afición. Tampoco leía demasiado y, si lo hacía, solía recurrir a banales novelas de segunda.
Decía que es una ardua tarea reconocer que tu padre es un asesino. Dicho así suena demasiado contundente y fácil sería, para un psiquiatra, elucubrar que tuve una infancia difícil. Pero no es así. Crecí como cualquier otro niño, con las rodillas peladas y canicas en el bolsillo.
Quizás, la diferencia con cualquier otro niño empezó más tarde. Hasta hace poco no me di cuenta de lo que realmente me afectaba esa faceta un tanto extraña de mi padre. Cuando lo encerraron, mi padre se desvaneció de mi vida y nunca eché de menos a aquel tipo blandengue que regaba las plantas de casa con tanta parsimonia. De hecho, creía que lo de asesino lo decía mi madre para redecorar su aburrida vida.
Empecé a hablar más de mi padre al ver el efecto que hacía en mis amigos. Vi que les infundía respeto, incluso miedo, y aquello me gustó. Hasta que se enteraron sus madres y el profesor me impidió volver a aquel colegio porque, según él, yo era un niño problemático.
Ahora me he dado cuenta cuán jodido es que todo el mundo sepa de tu padre. Sé que mi futuro estará estrechamente ligado a aquel hecho. No porque lo esté para mí, sino porque la gente no olvida algo así. Pongamos que logro ser un escritorzucho de medio pelo de novelitas de terror. ¿Qué diría la gente? Que me vi influenciado por la doble vida de mi padre. Si fuese de novelas de amor, que vivir en un entorno tan hostil desarrolló mi lado más sensible. Imagínense qué deben decir de mi verdadero oficio.
En realidad, aquel hecho no condicionó mi vida porque yo no fui consciente. Pero ahora sí, ahora me ahoga como si fuese una soga que va, poco a poco, amoratando mi cuello y restringiéndome las bocanadas de aire. Sé que creerán que me siento culpable, o que fui víctima de aquello. Me compadecerán o me culparán, y será el fin. Mis manos tratarán de cortar la soga, manchando de sangre todo lo que me rodea.
Soy carnicero, soy un hombre con oficio, muy lejos del asesino que era mi padre; o al menos eso afirma mi madre. Pero lo cierto es que me gusta seccionar un costillar de cordero, o una pierna de cerdo, y ver la sangre resbalar por entre mis dedos hasta que forma una pequeña mancha en el puño de mi jersey. Trabajando es el único lugar donde alivio mis tensiones y la soga cual yugo que llevo al cuello se afloja con cada golpe que da el cuchillo contra la carne inerte. Cada día trabajo más, el afán de rebanar me sosiega y salir de allí sólo me causa una furia que puedo contener unas horas hasta que vuelvo feliz a reencontrarme con el olor a sangre y la carne animal.

9 garabatos:

LUIS AMÉZAGA dijo...

Exquisitamente redactado. No conozco ninguna soga fina.

Arcángel Mirón dijo...

Excelente.

El chico era un asesino camuflado. Lo llevaba en la sangre. Siempre queda la opción de no hacer eso que manda nuestra historia, claro.

:)

Muchachada dijo...

Para ser que no sabias que escribir creo que has superado tu crisis con mucha honra. Ahora me da verguenza actualizar.
Por cierto, maravilloso tu carnicero, me gusta.
xxx

jordim dijo...

Llevo mucho desconectado, a ver si me pongo al día :)

Fanático dijo...

me ha gustado. gran texto, larguillo para mi vagancia, pero se lee bien y rapido...y en cuanto al tema, final sorprendente, fiel a ti misma, jeje...

un saludo!

Glory dijo...

madre mia vaya relato...

quitando el mal rollo que tengo ahora mismo, perfecto texto

jordim dijo...

Acabo de leer el texto. Me gusta, es como un filete casi crudo por dentro, sugerente y muy bien redactado (aunque eso siempre ha sido asi..)

Anónimo dijo...

HUMILDAD ES CONOCER TUS PUNTOS DÉBILES Y ASUMIRLOS. HUMILDAD ES TAMBIÉN SABER APRENDER SIN RECHISTAR Y SABER ENSEÑAR SIN PREPOTENCIA. HUMILDAD, AUNQUE NO LO PAREZCA, ES SABER QUE DESTACAS Y HACER QUE TU BRILLANTEZ ILUMINE A TODO EL QUE TE RODEA INSPIRÁNDOLE ADMIRACIÓN.

CON ÉSTE TEXTO TE HAS GANADO MI, AUNQUE HUMILDE, ADMIRACIÓN. EL ESCRITO EN MI OPINIÓN LOGRA TRANSPORTAR A LUGARES A LOS QUE ESPERO ME DEVUELVAS EN MI PROXIMA VISITA!

UN HUMILDE ABRAZO DESDE MADRID

narval dijo...

está genial

lo único que no acabo de entender que hace un carnicero preguntándose qué pensaría la gente de él como escritor.