jueves, 24 de julio de 2008

Primero primera


Compartimos rellano. Yo vivo en el primero primera y ella en el primero segunda. Cuando me vine aquí a vivir, esperaba encontrarme a la típica vecinita, tópico de cierto tipo de películas. Rubia, alta, guapa. En fin, tú y yo ya tenemos la imagen perfecta, no hay que tener mucha imaginación para ello, ¿verdad? No, claro. Y borra esa sonrisa de tu cara porque mi vecina no es así, cosa que tampoco es de extrañar porque en este edificio no iba a vivir una chica así. De hecho, no hay casi nada vivo. Todo lo que hay aquí tiene una fecha de caducidad muy próxima. Todo son ancianos, o enfermos, o gente que un día u otro saldrá en la prensa porque se ha suicidado. Y a nadie de la finca le extrañará. Y tampoco iremos a su entierro. Y tampoco vendrían al mío. Cada uno tiene sus problemas, y allá se pudra.

Pensándolo bien, vivo en un edificio bastante honesto, comparado con los que hay por ahí, en otros barrios, en la otra punta de la ciudad. Aquí no hay cortesía del tipo: "Bienvenido a la finca, te traigo estas galletas caseras". Esto no es Estados Unidos, y mucho menos Hollywood. Aquí nadie saluda a nadie, así que ya puedes contentarte con un gruñido si te cruzas con alguien en las escaleras. Y no, no hay ascensor.

Nuestro edificio un lugar done esperarías que sucediera cualquier cosa, donde se desmantelan negocios ilegales, se detienen asesinos en las novelas policíacas. Lo rutinario, lo que sale en los telediarios, pero muy lejos de tu casa. Un lugar por el que no desearías andar perdido solo una noche cualquiera. Te haces una idea, ¿no? Un edificio donde la mugre es una vecina más a la que gruñir cuando entras, donde las sombras son eternas porque sólo hay ventanucos estrechos y ennegrecidos. Ahí vivo yo.
Y mi vecina. Comparto rellano con ella. Ella vive en el primero segunda y yo en el primero primera. Querría matarla. Sí, querría, pero no lo haré. No soy un maníaco, ni estoy dispuesto a salir esposado tapándome la cara en el telediario. Porque eso es lo que se esperaría de mí, ¿no? En un barrio así, gente así, ya sabes. Pues no. Porque esto no es Estados Unidos. Si piensas que va a ir por ahí la cosa, mejor déjalo correr.

No es que esté todo el día dándome la lata - mi vecina, digo -, ni que el volumen de su televisión o su aparato de música no me dejen dormir. No es que se queje de cualquier ruido que oiga, ni que me robe el correo. No trata de hacerme la vida imposible, ni de echarme del bloque. No, más bien al contrario.

Lo que hace esta mujer es dejarme notitas anónimas en el buzón, papel perfumado de color de rosa: Te quiero. Y cree que no sé quién es. Te deseo. Está obsesionada conmigo. Tu admiradora secreta que está locamente enamorada. Y no es un secreto. La señora del primero segunda sueña conmigo todas las noches.

Tampoco creáis que es cansina, al menos no al principio. Escribe una o dos notas al mes, y llama a casa un par de veces a casa. Llama, oye mi "¿diga?", y cuelga. A eso se resume su nivel de actuación, así que tampoco podría molestarme. Pero lo hace.
Sentirse deprimido y hundido en la mierda no es fácil. Todo tiene que ir mal, no tienes que tener éxito en ningún campo de tu vida, no debes sentirte querido. Eso conduciría fácilmente al suicidio. No tengo trabajo, ese es un buen primer punto. Pero el problema es que no lo tengo porque no quiero, porque los he dejado. Y no porque me explotaran, ni me pagaran mal, sino porque cada uno tiene su misión en el mundo. Y yo debo ser infeliz. La infelicidad facilita las cosas, te ahorra años de sufrimiento si decides suicidarte. Así que sí, quiero ser infeliz. Me aterra mucho más el hecho de poder llegar a ser feliz, saber qué es eso, probarlo, para perderlo todo después. Mi plan consiste en no ser feliz para no sufrir nada. Nunca he tenido dinero, así que es mejor no tenerlo nunca.
Una vez sí fui feliz, una vez conseguí el trabajo perfecto. Era vigilante nocturno en una empresa. Sólo tenía que limitarme a pasear por aquel gran edificio, y caminar cientos de veces por aquellos pasillos, sin nada más que hacer. O quedarme en el garito donde había cámaras de seguridad y ver la televisión. La gloria, me pagaban lo suficiente y empecé a hacer planes. Iba a ahorrar para comprarme un coche, para luego viajar y conocer todos los bares y moteles de unos cientos de kilómetros a la redonda. Empecé a soñar. Y me echaron: recorte de plantilla.
Y ahí empezó a torcerse todo. No quise volver a sentirme afortunado, porque cuando gira otra vez la ruleta, y te toca perder, es más chungo. El casino de la vida en el que no quiero jugar. Por si acaso.

Por eso es más fácil no tener como meta la felicidad. Y yo lo he sustituido: No quiero ser feliz. Al contrario, cuánto más jodido, mejor. No quiero un trabajo, no quiero amigos, quiero estar enamorado y que no me correspondan. Quiero estar deprimido, sentirme un deshecho humano. Para poder quejarme, para odiar a todos y para irme al otro barrio.
Pero eso tampoco es fácil. El hecho de que esta mujer me adule, me cabrea. No he hecho nada para atraerla. Lo cierto es que yo la he visto apenas un par de veces y por la mirilla, cuando viene a dejarme una de sus cartitas quincenales. No sé cómo me conoce, pero sabe mucho de mí. Y me cabrea.
Sentirme querido hace que me sienta incómodo. Me repugna y a la vez hace que no esté a gusto con mi banal y estúpida vida. No puedo odiar al mundo si alguien me quiere. No quiero que lloren en mi entierro, ni que esta mujer llame a la policia porque hace días que no me ve entrar y salir. No quiero atención. Quiero ser alguien al que el mundo ha dado la espalda. Y así, cuando rindan cuentas en el juicio final, yo seré un atenuante. "Pecados: Lujuria, Soberbia, Estupidez, Egoísmo. ¡Ah! Y mató a aquel tío. ¡Al infierno!"
Esa estúpida mujer, cándida e ingenua, estropea mi plan y no me deja vivir. O morir, mejor dicho. Y por eso querría matarla. ¡Si tan sólo dejase de enviarme esas infantiles declaraciones de amor! Estoy en mi piso mugriento, oliendo a podredumbre, ideando cómo deshacerme de ella. Podría mudarme de piso, y así la perdería de vista, aunque eso es mucho trabajo. O encargar a alguien que hiciese el trabajo sucio por mí. Pero también puedo simplemente esperar a que muera. Y esa es la mejor opción: su fecha de caducidad.
Llaman a la puerta. Por la mirilla se ve a la mujer rechoncha. Bata verde a rayas con machas por toda la pechera. Pelo rizado en un moño. Se ha pintado. Para verme. Para que la vea. Le gruño sin abrir la puerta.
- Abre, por favor.
Abro la puerta y me la encuentro, a la mujer que no se parece ni de lejos a la idea que tenía yo de vecinita. Ni de lejos. No es alta, ni rubia, ni guapa. Ni siquiera es joven.
- Eeeeh... Esto... Samuel...
- ¿Qué quieres?
- ¿Tienes un par de huevos?
- ¿Qué dices?
- Eeeh, no me malinterpretes. Quiero decir, esto... ¿tienes un poco de sal?
- ¿Quieres sal o huevos?
- Lo que tengas. No, quiero decir. ¿Tienes algo de eso? Que... Bueno...
- A ver...
- Sí... Necesito... Bueno, necesito huevos. Dos huevos. Un pastel. Estoy haciendo un pastel.
- ¿Y la sal?
- ¿Qué? No, no. Sólo un par de huevos. Dos. Dos huevos.
Patética. Qué asco. Pero lo peor de todo es que me resulta tierna. No, tal vez no sea esa la palabra. Me repugna, pero la compadezco. Sí, es compasión.
- No tengo huevos.
- Aaah, eh, bueno, esto... Pues, vale, gracias. Y, eh, lo siento. Por molestar, y eso...
- Adiós.
Y cierro la puerta. Es cierto que no tengo huevos. De ningún tipo. Ni de los que piensas tampoco. Si no, ya me hubiese suicidado hace tiempo. Pero el hecho de no sentirme ninguneado, hace que lo evite. No soy infeliz. Probablemente sea sólo una excusa. Pero es eso, no me puedo suicidar, porque la mujer que me repugna, me quiere. O eso dice. Pero no me puedo suicidar.
Por hache o por be, no me voy a suicidar, de la misma forma que no voy a matar a mi vecina. A la vecina que está en una edad del pavo demasiado tardía. Y así vivo: esperando a que suceda algo que justifique mi suicidio. Sería estúpido suicidarse así, con una sola persona, mi vecina, llorando en mi tumba.
____________________

Y han pasado las semanas tediosas. Hace ya unas tres semanas que no recibo una de las cartas perfumadas. Hace mucho tiempo que debería haber recibido una llamada, una señal de vida de mi vecina, diciéndome que todavía me quiere. Pero no. Se habrá olvidado, me digo. Sigue queriéndome, sí, seguro. Y vino a por huevos, aunque no tenía.
Ahora soy yo quien no deja de mirar por la mirilla cuando oigo ruido. Sé que me observaba, de vez en cuando. Porque me quiere, y me manda notas rosas. La he visto pasar, como de costumbre, a comprar, a recoger el correo. Y no hay notitas en mi buzón.
Si - por fin - ha dejado de quererme, podré ser feliz. Feliz en mi infelicidad, quiero decir. Podré suicidarme y ser víctima del mundo asqueroso y conseguiré lo que quiero. Así que debería estar contento, o deprimido. No sé muy bien cómo debería sentirme, pero sé que no me siento como debería. Supongo que me encontraré en el buzón la carta. Mañana, seguro. Porque suicidarme sería una tontería. Ella vendría a mi tumba y sería penoso.
Entonces oigo ruidos, una conversación. Y miro por la mirilla. La vecina, mi vecina, va del brazo de un abuelo. Ya no me quiere. Entonces soy libre, ¿no? Ya soy libre y puedo suicidarme. Supongo que debo suicidarme. Ella no vendrá a mi tumba porque no está enamorada de mí. Debería usar ya la cuerda que tenía desde hacía tiempo en el cajón de la mesa de la entrada.
No estoy convencido del todo, pero estoy montando todo el espectáculo, tal y como lo tenía pensado. Pongo una de las sillas de madera y tela ajadas en medio del salón. ¿Y si mañana aparece la carta? Me subo a ella y ato la cuerda a la lámpara. ¿Y si sigue siendo estúpido que me suicide? He comprobado que con mi peso no caería. Sería idiota que intentase suicidarme y se rompiese la lámpara. Y no quiero ser idiota. ¿Me voy a suicidar? Ya lo decidí. Soy infeliz y no tengo a nadie. Y me suicidaré, porque la vida es una mierda, y es el único sentido que tiene todo esto. He colocado alta la cuerda, así que no me costará. ¿Quiero suicidarme?
Estoy subido a la silla de puntillas, con la cuerda en el cuello. Es más aterrador de lo que creía. Sólo tengo que tirar la silla. Pero no quiero, creo. ¿Quiero? Me siento totalmente estúpido. Pero así es cómo debía ser. No tengo a nadie, me repito. Estoy solo, me digo. Todo es una mierda. Qué sentido tiene vivir: ninguno. Morir es la solución, ¿no? Estoy de cara a la ventana, con la soga alrededor del cuello. A un paso de la muerte. Si yo quiero, claro está. Voy a hacerlo, sí, es lo coherente. Tampoco pierdo nada, ¿no? Empiezo a notar la cuerda en el cuello. Me canso de estar de puntillas. No echaré de menos nada, porque no tengo nada. Por mala que sea la muerte… Aunque tampoco vivo tan mal. Soy infeliz, pero no estoy tan mal, ¿no? ¡Soy tan estúpido! Me siento imbécil.
Llaman a la puerta. Oigo ruido. Y ruido de papel. ¿Será una carta? Si es una carta, no podré suicidarme. Me giro lentamente, sin poder liberarme de la soga. He tenido que subirme a la mesa para entrar la cabeza en el lazo. La silla empieza a tambalearse, pero seguro que no me caigo. Porque no voy a morir. Y eso es una carta rosa perfumada de la vecina. Seguro. Se tambalea y pierdo el equilibrio. La silla cae. Pero eso es una carta rosa perfumada, lo es y ahora la veo. No podré leerla pero era una carta. Y sí, voy morir. Involuntariamente. Quedarán segundos... Y soy penoso. Vendrá a verme a la tumba y soy estúpido. Estoy a punto de morir. Por accidente. Me quiere. Y eso es una carta rosa perfu…

19 garabatos:

Raúl Retana dijo...

Me gusta.... ¿has leido a Palahniuk?

jordim dijo...

La muerte absurda es un remate perfecto; quizá producto de una filosofía de vida absurda, pero eso nunca se sabe..

jordicine dijo...

Muy bueno. Es lo mejor que leo en tiempo. Real como la vida misma. Todos necesitamos ser queridos, aunque no queramos reconocerlo. Y todo el mundo quiere ser feliz, algún día. A tu personaje se lo cargan las ganas de 'vida', aunque muchas veces parezca que quiere huir de ella. Yo lo veo así. No sé si me equivoco.

La ambientación es sensacional, como la foto. Hasta pronto.

lore dijo...

Me gusto mucho comenzar el día con un buen relato. Genial la pic. Todo super descriptivo.

saludos!
Lore

Arcángel Mirón dijo...

Excelente, María. Muy bueno. Es un retrato perfecto, en un ambiente perfecto.

o s a k a dijo...

redondo, tu texto es redondo. mil tangentes lo delimitan, infinitos puntos lo circundan y lo hacen tan compacto y suave como una pastilla de jabón

enhorabuena

n a c o
deunapieza

dama shandy dijo...

"... un perdedor al que el mundo ha dado la espalda". María,un buen retrato.
Drámatico, sí. Pero me has hecho reír con el absurdo y el humor que le has puesto.

jaumeduran dijo...

Me ha gustado, María. Me preguntaba mientras leía cómo lo ibas a terminar. Y el final que le has dado es óptimo. En los finales de los textos es cuando nos la jugamos.
Total, que parece que en la vida casi nada sale como pensábamos, ¿no?
Un saludo

Camille Stein dijo...

un relato excelente, María...

realidad y fantasía en un mundo perfectamente ensamblado, con certeras dosis de humor para aliviar la nihilista visión de la vida de su protagonista

enhorabuena :)

un beso

Bernard-Louis dijo...

Estamos habituados a que nos domestiquen sin darnos cuenta y a caernos en los hoyos existenciales más absurdos.
Con lo fácil que es salir de ellos. Basta mirar y mirar y mirar. Olvidé hace tiempo qué significaba el ver.

Jugoso relato, zagalilla.

Saludos.

Alegra :) dijo...

Aii María! Que bien escribís!
Y que gran final amiga
Este blog es un placer
Te mando besotes!
Cuidate muchoo

pd: el vestido de Audrey según mi fuente está en The Museum of Costume, España. Querría darte más datos, pero eso es todo lo que sé. Suerte!! Ojalá puedas viistarlo

DELIRIUMTREMENDS dijo...

Me ha encantado el post, aunque he sentido cierto dolor al identificar sensaciones y pensamientos ajenos, como míos. Es verdad, en cuanto uno tiene una o dos personas que la quieren a una, es como una obligación moral, no irse a otra parte, angosta, final de trayecto. Esa vecina como excusa es perfecta para evitar el destino que uno finalmente no puede agarrar por las pelotas.
Pero todo es cuestión finalmente de huevos. El que se va a matar, lamentablemente, no suele anunciarlo, te hablo por experiencia, mi vecino se voló los sesos, y aparentemente, parecía un tipo feliz, y era encantador, una gran persona.
Somos un secreto, todos... y mas vale que siempre haya alguien cerca, porque hay momentos jodidos de ida sin vuelta, y necesitamos esos testigos, aunque sean en la lejanía, y mudos, comtemplándonos... vigilándonos...
Un besazo, me ha encantado, escribes realmente bien, o por lo menos a mi me gusta mucho, lo aprecio.

Alegra :) dijo...

HOLA MARY :)
SÓLO PASABA PARA SALUDARTE Y AGRADECERTE POR SIEMPRE TOMARTE UN TIEMPITO EN MI BLOG
MUCHOS BESOS!!

resonANSIAS MAGneticas dijo...

GENIAL TUS TEXTOS!!!!!!!!!!!!!

SALUDOS DESDE LEJOS

resonANSIAS MAGneticas dijo...

GENIAL TUS TEXTOS!!!!!!!!!!!!!

SALUDOS DESDE LEJOS

AdR dijo...

Vaya giros que sabes darle a tus relatos. Vaya riqueza de detalles en la descripción de personajes, se ven, ni siquiera hace falta que escribas cómo van vestidos.

Te auguro un futuro prometedor. Estaré por aquí para verlo.

Besos.
P.D: por cierto, no soy de dar premios pero... en Scriptoria hay algo para ti.

Óscar dijo...

Me ha gustado, inesperado y ácido.

¿Has leído 'La elegancia del erizo'? Te recomiendo su lectura, podrás reírte, pero tiene similitudes, sólo que es una finca de ricos parisina.

Por cierto, llego a ti a través de Scriptoria.

Saludos.

laura dijo...

me gustó mucho, no se como he llegado hasta aqui pero lo más seguro que te seguiré frecuentando un saludo

Carlitos Satan dijo...

Devastador. Sencillamente devastador.

¿Alguna vez te he dicho que me gusta tu estilo?